Que le recorten las pupilas a aquel que nunca pensó:
que no me vean llorar.
Que no vean mi tristeza de alcantarilla,
mi sudor de desagüe,
que tropiecen con las escamas que se desprenden de mi piel
y en ese incidente
pueda alargarme las pestañas
a modo de paraguas.
Que se larguen de aquí los fantasmas
a los que me juré y perjuré
no temería,
que nadie los ha invitado a cañas, joder,
esas que buscan que pique
en esta quemazón de mis mejillas
la sonrisa fingida de mis entrañas.
Que no quiero ocultar con mis párpados
lo que gritan las legañas del corazón de estas córneas:
no estoy dispuesta al engaño.
Podrán decirme que este árbol sólo crece de una parte,
pero yo te cedí a ti el equilibrio de los puentes descolgantes.
Así que dime:
"Yo traigo nieve en los dientes,
¿tú qué ofreces?"
Pero no te exijo nada.
Me valdrán tus hojas de otoño
para hacer poesía.
jueves, 27 de noviembre de 2014
miércoles, 26 de noviembre de 2014
De algún pozo terrenal, que es la vida.
Abres los ojos.
Ves una línea recta horizontal cristalina.
Parpadeante, vibrante, tenuemente formada.
Ves cómo, lentamente,
va formándose una estalactita temblorosa
que culmina en un globo transparente
inflándose
e inflándose
(a punto de reventar)
que distorsiona el reflejo de tu atenta mirada.
Y cae la gota.
Ha pasado un segundo.
Pero cae la gota,
veloz.
Arrojada al vacío lúgubre sin fondo de un pozo seco.
Y esa gota es la última lágrima de mi sollozo al nacer.
Cae la gota:
yo aún vivo.
Y ahora vuelve el secundero a ponerse en marcha.
Es verano,
pero comienzo ya a pisar las hojas del otoño y veo
a mi alrededor
estupefacta
por primera vez
miles de cúmulos de esas gotas:
charcos.
Y humedezco mis pies descalzos para sentir el frío en estación líquida.
La gota sigue cayendo
aun habiéndose arrancado ya
muchas hojas del calendario.
Suenan
los primeros disparos
de una guerra fría...
justo cuando más necesitaba calor.
Y empezaron a caer las hojas del otoño
sobre campos recientemente florecidos.
Nunca tuve claro en qué estación me encontraba,
sólo buscaba el estado sólido
mientras.
La gota seguía cayendo.
El pozo aún seco.
Pero esta vez me percaté
aunque a destiempo
del cambio de estación.
Y comencé a ver pasear mis sombras junto a árboles poblados de grandes y verdes hojas.
Sin embargo,
con la mirada al frente
sólo ramas vacías.
Desnudas.
Solitarias.
Si acaso algo relucientes de escarcha.
Y entonces fue la primera vez que pensé que algo ocurría.
Y juro que una noche creí ver de reojo la gota cayendo.
Volvió el reloj a acelerar su paso,
como siempre,
arrasando todo.
Y entonces los árboles jadeaban deshaciéndose de sus más preciados enseres.
Corrían tiempos otoñales.
Sin embargo
alguna tarde llegó a parecerme verano.
Alguna noche me pareció ver más de 21 estrellas en Madrid
a pesar del cielo nublado.
Y entonces... lo supe.
O lo dudé más que nunca.
Comenzó a llover.
Miles de lágrimas a mi alrededor.
De repente.
Miles de charcos en el cielo.
Y al frente
miles de gotas más formándose en aquella línea horizontal cristalina.
Pero nunca caían.
Había dado el reloj el doble de vueltas que la tierra cada día
durante tantos años como estrellas había.
Incontables vueltas ya.
Pero las gotas no caían.
Sólo yo ante el pozo.
Y claro, vértigo.
Y yo
lágrima viva.
Sola ante un pozo seco
que sólo la muerte habría de llenar.
Porque el pozo sólo quedará lleno
cuando esa lágrima caiga
y nunca
nunca
rebasará
más allá del vértigo.
[La gota:
globo terráqueo cristalino
precipitándose al vacío
absorbido aún por la vida.
Esperando o no esperándose
fusionarse
lentamente
(en instante congelado, estalagmita)
contra el fondo
de un pozo
seco.
Ha pasado un segundo.
¿Y qué más podría saber yo de la muerte?]
domingo, 23 de noviembre de 2014
En tanto en cuanto: nosotros.
No dejaré que tus lágrimas caigan.
Me bastará guardar tu saliva como ungüento
para que no palpite el miedo en las heridas.
Y que la porción de vida
que tengamos
que vivir
converja a infinito
en tanto en cuanto seamos felices.
En tanto en cuanto tú y yo.
En tanto en cuanto el aire que aún quede
tras la caricia
y el suspiro
siga humedeciendo
cálidamente
nuestra mirada.
En tanto en cuanto las sonrisas.
Y todo lo demás:
nosotros.
Me bastará guardar tu saliva como ungüento
para que no palpite el miedo en las heridas.
Y que la porción de vida
que tengamos
que vivir
converja a infinito
en tanto en cuanto seamos felices.
En tanto en cuanto tú y yo.
En tanto en cuanto el aire que aún quede
tras la caricia
y el suspiro
siga humedeciendo
cálidamente
nuestra mirada.
En tanto en cuanto las sonrisas.
Y todo lo demás:
nosotros.
lunes, 17 de noviembre de 2014
Espejismo de ti.
He visto un precioso atardecer
desde un necio tren
que jura saber cuál es su destino.
Pero, ¿y el nuestro?
No he podido evitar preguntarme cómo lo verías tú desde París:
el atardecer
o nuestro camino.
A nosotros,
aunque amanezca,
siempre nos quedará ese mordisco de medianoche.
A una manzana
o a tus labios.
Porque nosotros,
aunque anochezca
y sea invierno,
aún por dentro
somos mediodía.
Y nuestros cuerpos saben buscarse bien.
Como calor
o como refugio.
Y es que tú
no estás conmigo este atardecer
pero yo
aún conservo tu sonrisa enlatada en mis pupilas.
Y por eso sonrío.
Esperando.
Verte.
Pronto.
desde un necio tren
que jura saber cuál es su destino.
Pero, ¿y el nuestro?
No he podido evitar preguntarme cómo lo verías tú desde París:
el atardecer
o nuestro camino.
A nosotros,
aunque amanezca,
siempre nos quedará ese mordisco de medianoche.
A una manzana
o a tus labios.
Porque nosotros,
aunque anochezca
y sea invierno,
aún por dentro
somos mediodía.
Y nuestros cuerpos saben buscarse bien.
Como calor
o como refugio.
Y es que tú
no estás conmigo este atardecer
pero yo
aún conservo tu sonrisa enlatada en mis pupilas.
Y por eso sonrío.
Esperando.
Verte.
Pronto.
Ojalá algún día.
Nos hicieron creer que en esta vida
hay que aguantar
y seguir adelante
sonriendo como si nada pasase,
y conformarse con el inconformismo
ignorando pequeños detalles.
Nos oprimen los suspiros
llenando nuestras paredes de propaganda
y demás mensajes subliminales.
Quieren absorber nuestro intelecto
creando...
criando vacíos mentales.
Y dejamos que todo ocurra
como si fuéramos incapaces
de pronunciar la palabra NO.
Se alimentan de nuestra absurda expectación
mientras sonríen desde su sillón
acariciando a sus sumisos gatos-marioneta.
Os lo podéis imaginar...
No somos más que burdos
ratoncillos
de alcantarilla
en busca de enseres
que hagan más acogedor
nuestro humilde escondrijo.
Y es así...
Nos venden la ambición
mientras ellos la exceden a nuestra costa.
Nos venden la moto en cada esquina
mientras aumentan la pena
por sobrepasar sus límites:
los que nos imponen.
Nos engañan para pasarnos la vida
anhelando ser otros y
así
no luchar por nosotros mismos.
Nos regalan disconformidad en las aceras,
en los buses,
en los centros comerciales...
sembrando deseos banales
para que germine la duda.
Pero no sobre ellos, sino debajo.
Debajo: nosotros.
Cuando nos bastaría con desmantelar sus manjares,
sin cuidado de acabar con su apetito
de buitres carroñeros.
Bastardos comensales.
Ojalá algún día
mueran de inanición:
- porque dejen de alimentarse de nuestros sueños.
- porque nuestra furia les desgarre
por fin
la lengua.
Porque nos devuelvan la sonrisa:
ojalá
algún día.
hay que aguantar
y seguir adelante
sonriendo como si nada pasase,
y conformarse con el inconformismo
ignorando pequeños detalles.
Nos oprimen los suspiros
llenando nuestras paredes de propaganda
y demás mensajes subliminales.
Quieren absorber nuestro intelecto
creando...
criando vacíos mentales.
Y dejamos que todo ocurra
como si fuéramos incapaces
de pronunciar la palabra NO.
Se alimentan de nuestra absurda expectación
mientras sonríen desde su sillón
acariciando a sus sumisos gatos-marioneta.
Os lo podéis imaginar...
No somos más que burdos
ratoncillos
de alcantarilla
en busca de enseres
que hagan más acogedor
nuestro humilde escondrijo.
Y es así...
Nos venden la ambición
mientras ellos la exceden a nuestra costa.
Nos venden la moto en cada esquina
mientras aumentan la pena
por sobrepasar sus límites:
los que nos imponen.
Nos engañan para pasarnos la vida
anhelando ser otros y
así
no luchar por nosotros mismos.
Nos regalan disconformidad en las aceras,
en los buses,
en los centros comerciales...
sembrando deseos banales
para que germine la duda.
Pero no sobre ellos, sino debajo.
Debajo: nosotros.
Cuando nos bastaría con desmantelar sus manjares,
sin cuidado de acabar con su apetito
de buitres carroñeros.
Bastardos comensales.
Ojalá algún día
mueran de inanición:
- porque dejen de alimentarse de nuestros sueños.
- porque nuestra furia les desgarre
por fin
la lengua.
Porque nos devuelvan la sonrisa:
ojalá
algún día.
sábado, 15 de noviembre de 2014
Recuperando viejos poemas: caminos paralelos.
Resistiendo las ganas de volar,
de sentir,
de llorar.
Esperando alguna oportunidad:
un sueño,
una realidad,
un deseo,
una ambición,
un sinsentido más...
Una vida normal, un momento anormal,
un universo paralelo quizá...
Soñando con poder,
queriendo ser
la esperanza perdida,
infeliz sin vida
y con vida infeliz.
Una canción, una caricia, una mirada
o cualquier momento paralizante
podría ser estresante
enredados en este sinsentido desmotivante.
Un segundo que aguarda
más silencio que la muerte.
Un comienzo, un fin,
o ambos simultáneos.
Sin subterráneo,
sin cielo,
sin futuro,
sin fruto que dé una nueva vida,
una nueva oportunidad:
una nueva canción,
una nueva caricia,
una nueva mirada,
o tal vez un beso.
Solitario, solitaria,
sendos vagan por el mundo...
y si se cruzaran no se vieran,
si se vieran, se recordaran,
mas no se sintieran,
pues cada uno al margen
asumió quedarse,
sin problemas,
sin embrollos,
con el solo inconveniente de la soledad,
la cual conlleva el desamor,
la miseria personal,
la frustración...
Si se sintieran fueran felices,
pero ese sencillo camino decidió no aparecer,
siendo tan obviamente evidente
que hasta ellos mismos se ven
como a través de un cristal.
Y se cree que ellos mismos saben de la felicidad,
pero no la quieren reconocer.
De modo que cada cual continúa su camino,
sin prisa.
Y quizá sea por ello
que no ven las piedras del camino
y continuamente tropiezan,
porque permanecen atentos el uno del otro,
esperando que finalmente
se rompa el cristal,
así como el disfraz que la soledad prestó a la felicidad,
aunque ellos no lo sepan.
Y prosiguen,
resistiendo las ganas de volar,
de sentir,
de llorar...
de sentir,
de llorar.
Esperando alguna oportunidad:
un sueño,
una realidad,
un deseo,
una ambición,
un sinsentido más...
Una vida normal, un momento anormal,
un universo paralelo quizá...
Soñando con poder,
queriendo ser
la esperanza perdida,
infeliz sin vida
y con vida infeliz.
Una canción, una caricia, una mirada
o cualquier momento paralizante
podría ser estresante
enredados en este sinsentido desmotivante.
Un segundo que aguarda
más silencio que la muerte.
Un comienzo, un fin,
o ambos simultáneos.
Sin subterráneo,
sin cielo,
sin futuro,
sin fruto que dé una nueva vida,
una nueva oportunidad:
una nueva canción,
una nueva caricia,
una nueva mirada,
o tal vez un beso.
Solitario, solitaria,
sendos vagan por el mundo...
y si se cruzaran no se vieran,
si se vieran, se recordaran,
mas no se sintieran,
pues cada uno al margen
asumió quedarse,
sin problemas,
sin embrollos,
con el solo inconveniente de la soledad,
la cual conlleva el desamor,
la miseria personal,
la frustración...
Si se sintieran fueran felices,
pero ese sencillo camino decidió no aparecer,
siendo tan obviamente evidente
que hasta ellos mismos se ven
como a través de un cristal.
Y se cree que ellos mismos saben de la felicidad,
pero no la quieren reconocer.
De modo que cada cual continúa su camino,
sin prisa.
Y quizá sea por ello
que no ven las piedras del camino
y continuamente tropiezan,
porque permanecen atentos el uno del otro,
esperando que finalmente
se rompa el cristal,
así como el disfraz que la soledad prestó a la felicidad,
aunque ellos no lo sepan.
Y prosiguen,
resistiendo las ganas de volar,
de sentir,
de llorar...
domingo, 9 de noviembre de 2014
"Bucear a pulmón"
Ella que va al acecho de almas suplicantes de amor.
Ellos su consuelo.
Ella que deja tras de sí un espeso aroma a desamor
atrapa por despecho
a varones ya sin nombre y sin faz
que ahora claman libertad
por el trágico suceso.
Ella que, sin darse cuenta, llena su corazón de falsedad.
Ellos
que la siguen cual haz de luz entre las sombras
de su desdichada soledad.
¡Alma suspirante, errante, traidora!
¡Tú que suplicaste como suplican ellos!
¡Tú que sufriste ese dolor, esa mentira!
¡Tú que te desvaneces cada noche!
Tú
que aún le temes al amor...
No dejes que ellos sientan esa angustia
que provocas con ese olor
de niña aún enamorada.
No les ofrezcas miseria,
ofréceles tu ser,
sin más,
lo que tú eres,
no te escondas en vanos sentimientos que no tienes,
no escondas los que sí posees.
Camina en tu propia dirección
y no hagas caso
de los que dicen
que no puedes retroceder,
pues, al menos, siempre podrás enmendar tus errores.
Sólo déjate llevar,
sin miedos,
sin dudas,
sin hacer daño al pasar,
pues de ese modo,
aun sin buscarles,
aun sin buscarte,
te encontrarás.
Ellos su consuelo.
Ella que deja tras de sí un espeso aroma a desamor
atrapa por despecho
a varones ya sin nombre y sin faz
que ahora claman libertad
por el trágico suceso.
Ella que, sin darse cuenta, llena su corazón de falsedad.
Ellos
que la siguen cual haz de luz entre las sombras
de su desdichada soledad.
¡Alma suspirante, errante, traidora!
¡Tú que suplicaste como suplican ellos!
¡Tú que sufriste ese dolor, esa mentira!
¡Tú que te desvaneces cada noche!
Tú
que aún le temes al amor...
No dejes que ellos sientan esa angustia
que provocas con ese olor
de niña aún enamorada.
No les ofrezcas miseria,
ofréceles tu ser,
sin más,
lo que tú eres,
no te escondas en vanos sentimientos que no tienes,
no escondas los que sí posees.
Camina en tu propia dirección
y no hagas caso
de los que dicen
que no puedes retroceder,
pues, al menos, siempre podrás enmendar tus errores.
Sólo déjate llevar,
sin miedos,
sin dudas,
sin hacer daño al pasar,
pues de ese modo,
aun sin buscarles,
aun sin buscarte,
te encontrarás.
miércoles, 5 de noviembre de 2014
De ausencia de puntos...
Los árboles jadeaban deshaciéndose de sus más preciados enseres.
Corrían tiempos otoñales, aunque alguna tarde llegó a parecerme verano. Alguna noche me pareció ver más de 21 estrellas en Madrid.
Tú sonreías y me daban ganas de llorar, aunque tal vez no de alegría.
No sé, a veces cuando estoy muy muy feliz se me llenan las cuencas de los ojos de nostalgia, aunque apenas hayan pasado segundos, y no sé cómo controlarlo.
Lo sé, debería disfrutar más de esos momentos, pero es que cuando algo sucede es como si ya se fuera. Algo fugaz.
Podrás vivir millones de situaciones parecidas, podrás experimentar sensaciones similares, podrás recordar... pero no sé si entiendes esa nostalgia de los momentos felices cuando están ocurriendo.
Hace meses que esa persona y yo dejamos de buscarnos. Supongo que a veces uno se cansa de encontrar la misma mierda o buscar entre tanta. Fue sólo la historia de nunca acabar comenzando un final que no podía deducirse. Como una máquina de escribir con el botón del punto roto.
Había que sacar el folio y reinventar una manera de romperlo.
Finalmente no hubo lágrimas, sólo la lluvia de trocitos de papel de una historia hecha trizas.
Otra persona, quién-sabe-dónde, estaría haciendo quién-sabe-qué en aquel preciso instante. Quizás ya pensando en cruzarse repentinamente por mi vida alguna noche de sábado.
Y así lo hizo.
Le conocí hace apenas unos días.
Y como una vana broma del destino empezamos a besarnos en otra columna del mismo bar donde algún día cualquiera (de mentiras, claro), algún otro sábado de algún otro año pasado, la persona de esa historia hecha trizas me besaba.
Ironías de la vida. Qué sé yo.
Pero no tenía nada que ver, claro.
De verdad que a mí me parecía impensable, que no descabellado.
No tengo ni idea de en qué momento empezó el juego, simplemente me vi sumida en un cruce de miradas, una respiración cercana rozando casi mi mejilla, nuestras manos entrelazadas a cada lado de nuestros cuerpos, a punto de contacto, entrecerrar de ojos, amagos de síes y noes y al final... En serio, ¿en qué momento comenzamos a jugar?
"Me haces trampa" me decías. Mirándome los labios e inmediatamente a los ojos. Y dejabas tu mirada ahí, me dejabas el negro de tus pupilas reluciendo dentro de mí mientras yo no comprendía el porqué, mientras pensaba: "¿Cómo es posible que ni haciendo trampas pueda evitar que me gane, así, poco a poco y de mucho en mucho?"
Y seguían tus ojos aquí, asomados a mis desastres y para mí que, o no te dio vértigo, o te hiciste rápidamente adicto.
Y seguían tus ojos aquí, y los roces de nariz, y tus labios...
He vuelto a poner otro folio en mi máquina de escribir, todo está listo y no pienso arreglar la tecla del punto así que, ¿sabes? Todo lo que tenemos por delante es un folio en blanco donde posar nuestras ganas y nuestros besos, y lo demás está por verse, así como nosotros estamos por vernos, por mirarnos, y que a este punto final de parrafada (al contrario que Sabina, porque esto sólo acaba de empezar) sí le sigan dos puntos suspensivos...
Corrían tiempos otoñales, aunque alguna tarde llegó a parecerme verano. Alguna noche me pareció ver más de 21 estrellas en Madrid.
* * *
Tú sonreías y me daban ganas de llorar, aunque tal vez no de alegría.
No sé, a veces cuando estoy muy muy feliz se me llenan las cuencas de los ojos de nostalgia, aunque apenas hayan pasado segundos, y no sé cómo controlarlo.
Lo sé, debería disfrutar más de esos momentos, pero es que cuando algo sucede es como si ya se fuera. Algo fugaz.
Podrás vivir millones de situaciones parecidas, podrás experimentar sensaciones similares, podrás recordar... pero no sé si entiendes esa nostalgia de los momentos felices cuando están ocurriendo.
* * *
Hace meses que esa persona y yo dejamos de buscarnos. Supongo que a veces uno se cansa de encontrar la misma mierda o buscar entre tanta. Fue sólo la historia de nunca acabar comenzando un final que no podía deducirse. Como una máquina de escribir con el botón del punto roto.
Había que sacar el folio y reinventar una manera de romperlo.
Finalmente no hubo lágrimas, sólo la lluvia de trocitos de papel de una historia hecha trizas.
* * *
Otra persona, quién-sabe-dónde, estaría haciendo quién-sabe-qué en aquel preciso instante. Quizás ya pensando en cruzarse repentinamente por mi vida alguna noche de sábado.
Y así lo hizo.
Le conocí hace apenas unos días.
Y como una vana broma del destino empezamos a besarnos en otra columna del mismo bar donde algún día cualquiera (de mentiras, claro), algún otro sábado de algún otro año pasado, la persona de esa historia hecha trizas me besaba.
Ironías de la vida. Qué sé yo.
Pero no tenía nada que ver, claro.
De verdad que a mí me parecía impensable, que no descabellado.
* * *
No tengo ni idea de en qué momento empezó el juego, simplemente me vi sumida en un cruce de miradas, una respiración cercana rozando casi mi mejilla, nuestras manos entrelazadas a cada lado de nuestros cuerpos, a punto de contacto, entrecerrar de ojos, amagos de síes y noes y al final... En serio, ¿en qué momento comenzamos a jugar?
* * *
"Me haces trampa" me decías. Mirándome los labios e inmediatamente a los ojos. Y dejabas tu mirada ahí, me dejabas el negro de tus pupilas reluciendo dentro de mí mientras yo no comprendía el porqué, mientras pensaba: "¿Cómo es posible que ni haciendo trampas pueda evitar que me gane, así, poco a poco y de mucho en mucho?"
Y seguían tus ojos aquí, asomados a mis desastres y para mí que, o no te dio vértigo, o te hiciste rápidamente adicto.
Y seguían tus ojos aquí, y los roces de nariz, y tus labios...
* * *
He vuelto a poner otro folio en mi máquina de escribir, todo está listo y no pienso arreglar la tecla del punto así que, ¿sabes? Todo lo que tenemos por delante es un folio en blanco donde posar nuestras ganas y nuestros besos, y lo demás está por verse, así como nosotros estamos por vernos, por mirarnos, y que a este punto final de parrafada (al contrario que Sabina, porque esto sólo acaba de empezar) sí le sigan dos puntos suspensivos...





