Camino sin ver mis pasos.
Sólo cuento unas medias rotas
y el tiempo perforándome la oreja a compás perdido.
Uñas desteñidas
rasgando señales en mi capricho de seguir caminando sin ver mis pasos.
Hoy no suena música en mis mejillas
ni en mis dedos
ni en mis labios.
Todos mis orificios son de huida,
y eso duele:
puñales clavándose a mi vida.
El terror de morir un jueves a media tarde
no sería comparable
con los restos que me quedan hoy del día.
Me resuena el compás perdido en los acordes de mi boca.
De aquí al vacío hay sólo un paso.
Sólo una hoja bailando como bailan las notas en los charcos.
Sólo un charco empapando de vaivenes nuestra orilla.
Es decir, nada.
Vacío.
He aprendido a escuchar esa melodía que de niña me aterraba.
El silencio lo aprecia quien no sabe escuchar.
Escuché la melodía y me aterró.
Hoy me asedié en una esfera de ideas cuadriculadas
y de repente lo vi todo desde una única perspectiva.
Algunos lo llaman "poner los pies sobre la tierra".
No logré volver a aquel silencio.
No logré emprender de nuevo el vuelo.
No logré deshacerme de este velo.
Ahora sólo cuido cada uno de mis pasos
mientras sigo buscando el compás que trazó esta maldita isla.
miércoles, 24 de junio de 2015
Baja mundanal.
Arden tu futuro y tu pasado
bajo las yemas de los recuerdos incrustados en tu sien.
A conciencia
cambiaste el mundo
por debajo de tu lengua.
Fueron vanas las huellas dactilares sobre el pegamento
ya seco
de la impaciencia.
Habríamos querido
(quizá)
poder huir a tiempo
de nosotros mismos.
Pero no fue la pesadumbre de la penumbra lo que nos detuvo,
sino el exceso de lumbre sobre la costumbre de contar
los milímetros de una tierra
que pisamos sin rumbo
ni cielo
ni esfera.
bajo las yemas de los recuerdos incrustados en tu sien.
A conciencia
cambiaste el mundo
por debajo de tu lengua.
Fueron vanas las huellas dactilares sobre el pegamento
ya seco
de la impaciencia.
Habríamos querido
(quizá)
poder huir a tiempo
de nosotros mismos.
Pero no fue la pesadumbre de la penumbra lo que nos detuvo,
sino el exceso de lumbre sobre la costumbre de contar
los milímetros de una tierra
que pisamos sin rumbo
ni cielo
ni esfera.
Matriz.
Me duelen los relojes vacíos en los cuartos que me encierran,
pero aún más las horas rotas de ausente infancia en su regazo.
¿Pudiera ella haber sido solitaria compañera?
¿Pudiera deshacer esa armadura un simple abrazo?
pero aún más las horas rotas de ausente infancia en su regazo.
¿Pudiera ella haber sido solitaria compañera?
¿Pudiera deshacer esa armadura un simple abrazo?
sábado, 6 de junio de 2015
Amanecer marchito.
Podría haber disipado la escarcha
de las sombras de un pronto atardecer
desde el hombro de mi caída,
pero sólo pude aferrarme
al esbozo de tu gesto alegre,
al desdén de tus cortinas,
a las húmedas rocas de tu pozo,
al escorzo de tu piel marchita.
N
O.
Tienes razón.
Aquí
:
ya no amanece para nadie.
de las sombras de un pronto atardecer
desde el hombro de mi caída,
pero sólo pude aferrarme
al esbozo de tu gesto alegre,
al desdén de tus cortinas,
a las húmedas rocas de tu pozo,
al escorzo de tu piel marchita.
N
O.
Tienes razón.
Aquí
:
ya no amanece para nadie.
