el corazón en vilo, esperando
(al menos) un adiós.
Partiste
la roca de tu camino, esperando
que las sobras de lo que fuiste nos bastaran.
Marchaste
una tarde de mayo
trayéndonos de vuelta la lluvia de abril.
Volaste
con tu corazón en vilo, sufriendo
ya por nunca jamás.
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