martes, 26 de noviembre de 2013

Que nada te detenga.

[Deja que la vida te dé la hostia y ¡DESPIERTA! Aparta de un soplo las piedras que te hicieron tropezar. Que nada te detenga. Mira siempre hacia adelante y, por encima de todo, nunca jamás olvides sonreír.]

-¿Sabes...? Ahora caigo en la cuenta de que hay personas que nunca merecieron tu cariño y tu atención, pero que hay muchas más personas ahí fuera que merecen y esperan recibirlo. 
  Hay personas que hablan de otras personas, critican, odian... que de tanto odio contenido intentan querer y no pueden. Personas que... lamentablemente se llegan a odiar a ellas mismas, haciéndose caer en lo más bajo y ruin. Hay personas que critican lo que acaban haciendo gustosamente. O se relacionan con las personas a las que odiaban o menospreciaban por alguna concreta razón. El problema para las personas que no somos así... es que muchas veces nos damos cuenta tarde de la gente que hay a nuestro alrededor, de cómo son. Será porque a veces te engañan, te engatusan con esas mentiras que se les hace tan fácil utilizar que pasan desapercibidas. Son personas que duelen... Yo sé que no me harás caso, pequeña, pero si duele no es amor. Sé que no me harás caso y caerás en la trampa, porque como ya dije mil veces, a las personas nos gusta cometer el error nosotras mismas para ser perfectamente crédulas. No podré detenerlo. Sin embargo, cuando pase todo pensarás: "tenía razón". Me pasó a mí, nos pasó a la mayoría alguna vez.
Podría llegar a pensar que una vez ha mucho tiempo él fue uno de los nuestros... que se convirtió en lo que odiaba sin darse cuenta. Ojalá recapacitara y saliera... ¡RECAPACITA! O quizá no... quizá siempre perteneció a ese gremio de fulmina-sonrisas. No te dejes, nunca apagues tu luz.

-Sé lo que me dices... Pero le quiero. Nunca podré dejarle... Él me necesita, necesita mi apoyo, mi cariño... y a mí me gusta dárselo y...

-Pero... ¿y tú qué? ¿Qué te aporta él a ti? ¿Acude a ti cuando le necesitas? Tú le das todo y él a ti nada. Te está apagando la sonrisa... te está desgastando... No llores... Mira, tú debes tomar tus propias decisiones. Pero te darás cuenta. Cuando él sepa lo que es perderte se dará cuenta. Cuando te pierda tú habrás ganado... No se llevará parte de tu corazón, serás tú la que se quite un lastre. No merece absolutamente nada... Ni una lágrima... Tú eres un océano y él tan sólo una gota de rocío. Parece que no tuvieras idea de lo que vales... y de lo poco que vale él. Estás desilusionada pero aún vives engañada. Aún te tiene enganchada. ¡Tienes que liberarte de esas cadenas! Te prometo desde lo más profundo de mi corazón que serás feliz... pero sólo cuando quites los lastres que te impiden seguir tu camino. Hace tiempo que es un peso con el que no tienes el deber de cargar. Tú decides.

-Ahora no puedo decidir... ¡No puedo! Si alguien tiene que decidir será el tiempo. El tiempo pondrá a cada uno en su lugar.

-Bueno, sí... pero de ti depende que sea antes o después. De ti depende dejar de perder el tiempo...

-Pase lo que pase no me arrepentiré del tiempo que paso con él... Sé que esto se acaba. Todo llega a su fin. Pero seguiré disfrutando cada segundo hasta que diga "¡basta!". Sé que tienes razón ¿vale? Pero como dices... cometeré yo mi propio error. Todo se acabará cuando esté realmente convencida.

-Está bien... Lo sé. Sabía que este momento no era el final... Habla con él, disfruta... Pero, ante todo, piensa en ti. Valórate.

Y todo terminó cuando cayó en la cuenta de que hay personas que no se merecen nuestro cariño...

domingo, 24 de noviembre de 2013

No era ciego el amor...

Si te echo de menos
me empeño en odiarte.

No me faltan razones
para mandarte a la mierda.

Busco darte indiferencia
y me pierdo en el olvido.

Busco un poco de cariño
con las sobras de mi alma.

A veces me pregunto
cómo pude creerme tus mentiras.

No era ciego el amor,
¡sino imbécil!

Ahora lo sé, nene,
lo sé todo.

Ni tan siquiera intentes
un pequeño acercamiento.

Sólo me acuerdo de ti
cuando pienso en el sexo.

Pasión, atracción, deseo...
el resto fue vacío y sufrimiento.

Cómo pude no darme cuenta
de mi locura.

No era ciego el amor...
¡sino imbécil!