miércoles, 22 de junio de 2016

S.

Tú te llevas el cielo en el que nunca creí.
Te llevas las huellas de tu camino en el bolsillo.
Te llevas
en un puño la tierra
y en el otro un pañuelo para secar el silencio.
Este silencio
que retumba en nuestro pecho
y no nos deja dormir.

Mi pequeño gran genio,
si algo fue perfecto
fue llevarte de la mano,
caminar sobre alfombras de estepa,
charlar sobre el fin del mundo o,
qué se yo,
sobre algo tan desarraigado como era nuestro futuro.

Al final, tenías razón: "quién sabe..."

Quién sabrá nunca engañar como solía tu sonrisa.
Quién sabrá.
Encestar, si acaso un charco, en una orilla,
o remar, pájaros dentro, mil fronteras.
Quién sabrá retroceder en paso inerte
     tu doble toque de muñeca.
Y, esta vez, sin metrónomo, quién sabrá escapar de entre las cuerdas todos los atardeceres y ser fuerte tormenta de verano en un riff que nunca acaba.

                             Ser fuerte otra vez o,
      al fin, ser fuerte.
Quién sabrá, sino tú.
            Ahora libre y fugaz
como fue tu viento de mayo,
lloverás sobre nuestros ojos
             mostrándonos esa lección de vida
para la que, ahora, ya no hay tiempo.