La radio sigue sonando,
la música perdura...
y tú me llevas al claro
de esta noche oscura.
Me levantas las pestañas
con cada persiana echada
y me arropas en mil besos de ternura.
Eres la lágrima que se me escapa cada mes
y te baña en la alegría que me infundes,
tienes la sonrisa que me devuelve a la niñez
y me mece en una ráfaga de nubes
que me suben y me suben
hasta el próximo domingo
en que te busco y me seduces.
¡Valiente lunes!
No podrá con nosotros
mientras sigamos sonriéndonos,
brillando entre las luces de los fuegos que nos pillan,
que no iluminan
más que tu cuerpo y mi cuerpo raspando las cerillas
de este cieno
que es la hoguera de las noches en que no existen banderas
y "fronteras sólo en la piel", como decía Gritando,
y que los lagos son el llanto
que dejamos que doliera sólo afuera,
y cada paso el pavimento que nos quema
para no dejar la suela
pegada en el cemento,
para no quedarnos quietos,
seguir avanzando aunque sea sin aliento,
seguir aprehendiendo cada momento,
conocernos más en cada piedra, en cada tropiezo
rompernos sólo a besos, a caricias
construirnos con los golpes que nos pueda dar la vida...
Que todo lo demás es alegría
congelada en el recuerdo que nos trae el nuevo día .
Y que no...
Ya llega el lunes, ¡que no llegue!
Pero qué da igual,
si será breve,
si tenemos nuestras alas en los sueños que aún seremos
y tenemos
la certeza de ser libres en presente
latente de virtud y consecuente:
la belleza de la felicidad en mente.
Si me preguntas, amor, tú eres domingo siempre.