El tiempo se agota
y yo acabo por desgastarme.
La luz me ciega
y con los ojos entrecerrados aún te puedo ver,
ahí
parado frente a mí.
(Como si te dignaras a darme la cara)
Maldita luz que ciega y engaña.
Abro los ojos y no estás.
Cierro los ojos y aparece de nuevo ese maldito espejismo.
Quizá sea verdad y no debió existir.
Nunca existir.
Nunca querer.
Cada noche me desvelo
y entonces llegan esos estúpidos pensamientos
para acabar con el poco sueño o
más bien
los pocos sueños que me quedan.
No veas,
no quieras ver
lo que has podido mover dentro de mí,
todo lo que cambiaste
y lo que nunca ya podrás cambiar.
Hiciste estrago en mí.
Suena el reloj.
El tiempo se agota
y yo me agoto con él.
Eres tan dañino como beneficioso.
¿Sería tan difícil de entender tu manera de quererme?
¿Tan difícil entender que te quería?
Tan difícil... Tan doloroso...
Tanto...
Tanto que...
No podrías creerlo.
La ilusión se apaga, el tiempo se agota.
No podrías creerlo pero aún te quiero.
Lo que pasa es que el tiempo se agota y...
y yo me desgasto y...
no te quedará tiempo para quererme
cuando de mí queden cenizas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario