que cuando no miras el reloj
los minutos pasan como a ti te plazca,
que cuando no miras el reloj
tus ojeras descansan,
que cuando no miras el reloj
tus suspiros se acompasan con el eco de tu voz,
las palabras se aclaran
y tus labios toman el control
besando todas tus mañanas.
Cuando no miras el reloj
la brisa llega acariciando tu cara,
revolotea entre tus canas
y desnuda tu mirada
endulzando el dolor que mascas
y escupes
en las aceras de tu rabia.
Cuando no miras el reloj
el mar, que estaba en calma,
te mece hasta la risa de los días en que piensas que te falta,
y la luna, conmovida,
cambia sus cráteres por las lágrimas que adornaban tus mejillas,
que ahora lucen sonrojadas.
Cuando no miras el reloj
haces de tus días templos
donde guardas las riquezas que no perecen con el tiempo.
Cuando no miras el reloj
te descubro, risueña y coqueta,
buscándote entre los versos de un poeta
del que algún día fuiste musa.
Vuelves a ser ella

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