miércoles, 24 de junio de 2015

Exilio.

Camino sin ver mis pasos.
Sólo cuento unas medias rotas
y el tiempo perforándome la oreja a compás perdido.
Uñas desteñidas
rasgando señales en mi capricho de seguir caminando sin ver mis pasos.
Hoy no suena música en mis mejillas
ni en mis dedos
ni en mis labios.
Todos mis orificios son de huida,
y eso duele:
puñales clavándose a mi vida.
El terror de morir un jueves a media tarde
no sería comparable
con los restos que me quedan hoy del día.
Me resuena el compás perdido en los acordes de mi boca.

De aquí al vacío hay sólo un paso.


Sólo una hoja bailando como bailan las notas en los charcos.

Sólo un charco empapando de vaivenes nuestra orilla.
Es decir, nada.
Vacío.

He aprendido a escuchar esa melodía que de niña me aterraba.

El silencio lo aprecia quien no sabe escuchar.
Escuché la melodía y me aterró.

Hoy me asedié en una esfera de ideas cuadriculadas

y de repente lo vi todo desde una única perspectiva.
Algunos lo llaman "poner los pies sobre la tierra".

No logré volver a aquel silencio.

No logré emprender de nuevo el vuelo.
No logré deshacerme de este velo.
Ahora sólo cuido cada uno de mis pasos
mientras sigo buscando el compás que trazó esta maldita isla.

No hay comentarios:

Publicar un comentario