de los andamios con que construiste un sueño,
con el molino intempestivo que daba sustento a tus caricias tempestades,
despeinando el tiempo
que pasaba,
como siempre,
atrofiando realidades.
Así empezó la historia de una triunfante derrota,
sin dejar de rendirse nuestros cuerpos
ante una niebla remota
que acechaba
allá a lo lejos.
Sin dejar de rendirse nuestros cuerpos:
el tuyo al mío, el mío al tuyo.
Sin dejar de ser:
tú aspaviento, ...yo murmullo.
Sin dejar que la niebla cubriera
por completo
nuestro idilio.
Sin dejar de llevarte en las letras
sin huecos
que destilo.
Aunque ahora no.
Ya no.
Tiende las horas,
muerde su mano,
arroja tus miedos.
Volveré cuando menos te lo esperes.
No te importe si es en sueños.

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