Aún sigo enamorada del amor,
aún vivo de ilusiones.
Aún creo que todo es posible porque,
si no,
no sé seguir.
Aún disfruto con el dulce de una golosina
deshaciéndose en mi boca.
E incluso apretujando contra mí a un peluche
cuando nadie me ve.
Aún tengo ganas,
alguna vez,
de soltar un berrinche en plena calle
¡¡contra este puto mundo!!
Gritar. Correr. Patalear.
Todo...
antes de quedarme tranquila y volver a respirar.
Aún soy una niñita caprichosa,
que se siente frustrada y relegada
si no consigue lo que quiere.
Aún muero de vergüenza en actos públicos.
Y aún es capaz de sacarme una sonrisa
en el peor de los días
algún acto que me haga volver a creer en la humanidad.
Y me encanta cantar bajo la lluvia
(y sin lluvia)
con aire melancólico
por las calles de Madrid
sintiéndome la protagonista de una peli de amor.
Prota a la cual le sorprenderá el chico de sus sueños
en el momento más inesperado
y le hará disfrutar de emociones apasionantes
y todo acabará en un final feliz.
(Me conozco yo otros finales felices.)
"¿Pero qué final feliz me espera sin tu sonrisa?"
diría yo.
Como si tuviera a quién decírselo.
Como si no supiera que
hace ya tiempo
que no encuentro a quien...
¿merezca la pena?
O sí...
Y es que, en verdad, sigo ilusionándome cada día con
una simple palabra o
un simple gesto.
Que me siguen enamorando las sonrisas.
Sin embargo...
no encuentro a la persona que vea la vida
de la misma forma en que yo la miro.
Que viva a su manera y que
en sus maneras
entre yo.
Que tenga un poco de poeta,
que haga la revolución con sus palabras,
que arregle el mundo las tardes de domingo
tirado en un sofá
cerveza en mano.
Que tenga en las venas rock&roll
y se exprese en forma de rap.
Que tenga la sonrisa sin destrozos.
Que no dude
ni un segundo
cuando se trate de reírse a carcajadas,
mientras tira por la borda la vergüenza.
Que me mire y se sienta libre.
Que me haga respirar libertad.
Que sus manos... me hagan volar.
Que mire mi cuerpo
como aquel cofre del tesoro
de un pirata
de un mapa
que encontró, algún día, en un juego de niños.
Y que invente una forma nueva de conocerme
cada vez que vuelva a verme.
Que sonría.
Que no deje nunca de sonreír.
Excepto cuando esté concentrado en sus artes.
Cualquier arte.
Lo quiero artista.
Y que sueñe.
Y que viva.
Que me deje hacerle ver
que el mundo
no es como nos pintaron que era.
Y que él ya lo sepa.
Que me deje recitarle un poema cada noche
y que se sienta nostálgico
si algún día le falta.
Que tenga ganas siempre de hacerme el amor
y que, cuando haya guerra,
pida una tregua para follarme.
Yo, a cambio,
destejeré cada noche nuestro amor
para volver a tejerlo al día siguiente.
Cada día.
Y serás tú, amor (y no el amor),
de quien me enamore,
y dejaré de vivir de ilusiones
para mantener viva la ilusión,
y cambiaré la dulce golosina por tu lengua,
el peluche ocasional por tu cuerpo.
Siempre.
Los berrinches por la revolución
(y aquí nunca irá punto y aparte)
Aún seré un poco caprichosa,
aún me sacarán una sonrisa los pequeños detalles,
aún seré una ilusa.
Pero tú vivirás a tu manera,
verás la vida como yo la miro,
y en tus maneras
estaré yo.
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