No sé si soy yo que últimamente no soporto a nadie...
O son las demás personas las que se han vuelto insoportables.
Quizá sean las dos,
aunque más la primera que la segunda.
(Y también viceversa.)
Últimamente he estado pensando mucho en ti.
Recuerdo tu manera de hacerme rabiar
y cómo lo arreglabas con sólo mirarme.
Y sólo de recordarlo se me escapa una sonrisa,
más bien nostálgica.
Noto como un temblor en mis párpados
de aguantarme las lágrimas.
Suena el móvil
y espero que seas tú,
aunque ya sea casi imposible.
No he querido borrar tu número por si se me olvida,
porque ahora aún lo recuerdo de memoria,
pero mi primera intención es olvidarlo.
Olvidarte.
La segunda es que vuelvas a abrazarme,
volver a sentir tu olor muy cerca...
Vaya.
Pronto no podré contener las lágrimas.
(Puntos suspensivos entre paréntesis a modo de pausa. De presente a pasado.)
Volvió a sonar el móvil cuando las lágrimas ya hacía un rato que asomaban.
No eras tú.
Pero me alegró mucho el consuelo,
aunque en realidad era yo la que consolaba
de cierta forma.
Como siempre.
Un paseo por el parque
es lo que se lleva ahora,
dicen.
La noche estaba fresca
y aún tenía la garganta destrozada
del fin de semana.
Pero apareció para salvarme
de ti,
de tanto recordar...
Parándome a pensar
a veces la vida me manda una especie de señales,
actos, personas,
que impiden que me hunda
cuando sucede algo inevitable.
Supongo que hoy estoy más optimista que antes de los puntos suspensivos.
Que hoy soy capaz de ver
que la vida me guiña un ojo
a modo de: "ey! que esto para ti no es ná"
Que me jode y luego me sonríe
y esa sonrisa tiene el efecto que tenía tu mirada
para arreglar las cosas.
Y a seguir se ha dicho.
Tiré la toalla tantas veces...
Pero como lo mío no es el orgullo
siempre volvía a recogerla.
Persistente.
Volvía a recogerla y decía: "venga, un poco más".
Esa será mi forma de hacer camino.
Supongo que lo ha sido hasta ahora.
Me puse como propósito aprender a decir que no.
Y a veces me resulta tan difícil...
A ti no sabía negarte nada.
Quizá me acostumbré a ello,
o quizá siempre fui así.
En los últimos tiempos he oído mucho eso
de que la vida te demuestra
que si eres bueno, te acaban jodiendo.
Nunca estuve de acuerdo con eso,
aunque sí que lo he llegado a pensar.
No sé... cuando hay personas que te importan
no está mal eso de dar más de lo que recibes.
Al final se acabarán dando cuenta,
¿no?
O no.
Eso a ti no te importa.
Tú das sin consecuencias ni reproches.
Sale solo.
No lo puedes evitar.
Estupidez.
Eso es otra cosa.
Pero cada vez más gente piensa que ser bueno es ser estúpido.
En verdad lo ven así.
Te ven así.
Nos ven así.
Puta sociedad...
¿Cómo cojones quieren que seamos?
Pff... me importan tan poco
como a Oliverio Girondo
el que su mujer diez tenga una nariz
que podría ganar el primer premio
en una exposición de zanahorias.
Y así son las cosas...
Y así se las hemos contado...
(Aplausos entre paréntesis.
Como en los subtítulos para sordomudos.)
Debería empezar a escribir guiones o...
o irme a dormir.
Es otra opción.
Buenas noches.
No hay comentarios:
Publicar un comentario