miércoles, 22 de octubre de 2014

Del frío al calor.

Permíteme que esta vez sea más literaria que literal.

Volvía de algún lugar en la línea 1 de metro, la tuya.
Hasta ese momento aún no me había rondado nada por la cabeza.
Lo siguiente pasó cuando salí en Sol (mierdafone) para hacer transbordo a la línea 3, la mía.
Fue entonces cuando ocurrió: te vi.
Sí, eso pensé que ocurría en ese momento.
Pasaron apenas segundos hasta que caí en la cuenta de que no eras tú.

Los malos juegos de la imaginación, supongo
(y mi torpeza de ir sin gafas por la vida).

Pero para ese entonces ya se había abierto el fuego en mi cabeza.
Millones de ideas a-tentando contra una herida semiabierta (o semicerrada, dependiendo del grado de optimismo).

Sentí miedo.

¿Tú te has parado a pensarlo?
Un encuentro inesperado...
¿Cómo sería?
Y algo así me pregunté: ¿cómo hubiera sido?
Supuse, en un primer momento, que hubiera pasado indiferente. Pensando más en frío, te hubiera mirado indiferente. Dando un paso más, te hubiera saludado indiferente.
Pero en todo caso frío.
Y no sé si terminaba de gustarme la idea...
Acabé concluyendo que todo hubiera venido determinado, también, por tu reacción.

La cuestión es que entre tanto planteamiento, diversidad de posibilidades y una maraña de líneas de metro, llegué al vestíbulo para el transbordo y en ese instante ocurrió lo relevante: llegaba a mis oídos Boulevard of Broken Dreams. Sí.

¿Casualidad?

La música siempre trae tanta paz, ¿verdad?
La música siempre fue nuestra tabla de salvación.

Así que dejé de sentir frío.
Respecto a ti y respecto a mí.
A medida que iba haciendo camino.
Así es como debía ser.
A cada paso menos frío y más alta la música.

Y ese es el porqué
de
que
al día siguiente
en un momento de insomnio...

No hay comentarios:

Publicar un comentario