domingo, 19 de octubre de 2014

Quemando tus recuerdos.

Ya han pasado muchas noches
desde aquella última vez.
Yo ya la había cagado,
lo tenía claro.
Todo había acabado.
Pero tú tenías claro
que nunca nada empezó.
¿Recuerdas las palabras?
¿La canción que sonaba?
¿El portazo que no di
al bajarme del fiat punto?
Sólo podría desearte nada,
la más absoluta.
Lo menos...
La nada.
Fueron tantas tardes juntos
de pelis, cerveza y música.
La música que acompasaba
nuestros cuerpos en el tumulto
de las caricias y los besos.
Tantas noches han pasado
que ahora empiezo a recordarte
de nuevo.
Y no sé
por qué
empiezo a llorarte
de nuevo.
Ahora que creí que
(tantas noches han pasado)
tenía que haberte olvidado
a tiempo y,
la verdad,
"qué mala es la soledad".
Y "como escuecen las llagas de la falta de tus labios"
Y eso que cantas de
quién coño cuidará ahora de ti,
o algo así.

De silencios y agravios
llenamos nuestros últimos suspiros
y todavía siento el frío
de no encontrarte por ahí...
Todavía
escucho tu música
en el metro de Madrid
aunque no estés,
aunque no aparezcas,
aunque no me mezcas
ya en el desdén
de tu mirada
como cuando te hacía de rabiar.

En tus manos
que temblaban al verme llegar,
en las risas
y hasta en las lágrimas que nunca debí gastar...

Tantos gestos, tantos versos.
Tanta mierda.
Voy a quemar tus recuerdos,
¿recuerdas?
Era la única canción de Extremo que sabías tocar.
Voy a quemar tus recuerdos.
Me gusta creer que eso
no fue casualidad.




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