sábado, 22 de marzo de 2014

¿De verdad existe?

Ves los imposibles pasar frente a tu cara,
y tú inmóvil como en un mal sueño.
Dammit.
Y te preguntas cómo aquella persona alguna vez lo vio tan claro,
tan fácil.
Y dudas...
De verdad existe?
Y te entregas a cualquieras por un beso,
por un poco de cariño.
Te das por vencida.
Sabes que tus suspiros no son por el cansancio del día...
Estás agotada.
"Merezco algo mejor."
y casi te suena a mentira ante el espejo.

¿De verdad algún tiempo pasado fue mejor?
La verdad es que ya no me preocupa.
Siempre se intenta construir con la mezcla de los restos y lo nuevo con lo que te va sorprendiendo el camino.
Usando saliva y sudor como cemento.
Pero hoy estoy aquí parada,
mirando a mi alrededor,
rota.
Buscando una razón para estas putas lágrimas, que no me valen para pegar piezas.
Para encajarlas.
Y no hay, ni una sola.
Razones, digo.
Simplemente es agotamiento.

Estoy parando a respirar...

Pienso si puedo replantearme algo...

¿De verdad existe?
Joder.
Quiero llegar a ese punto de creer en imposibles.

Silencio.
Es todo lo que queda de momento.
Esta noche.
¿Estaré ya preparada para los golpes?
Es la clase de preguntas que no debería hacerme hasta salir al ring.
Hasta salir de aquel túnel que separa la soledad nerviosa
de la seguridad abrumadora al ver el barullo del graderío.

Me pregunto:
¿necesito un hombro para llorar?
Qué va, nadie comprendería.

¿Sabes?
Hoy pensé que,
aunque mañana cambie de idea,
ya no me haces falta.
Y creo...
Creo que yo tampoco te hago falta a ti.
Estamos en paz.

Necesito un cambio.
Un punto y aparte de los de verdad.
Llegados a este punto...
me iría lejos.
Estoy agotada pero
quiero irme lejos.
Escapar!!
Quiero gritar.
Correrme
o correr, simplemente, dejando en cada paso los fantasmas que me atormentan.
O reír hasta dejar el alma escapar
y que vuelva en la siguiente carcajada.

En cambio, hoy, sólo sé llorar.
Y cagarme en la puta.

Quizá me haya perdido yo misma
y no sepa encontrarme.
O haya huido mi ánima en la última carcajada.
O me sienta atrapada en mí,
es decir,
todo lo contrario.

Quizá sí que quiera tenerte entre mis brazos.
O quizá no exista ya quien me entienda.

Quizás un "quizá" sea lo más probable.

miércoles, 12 de marzo de 2014

Apatía

Si ya sabía yo... que soy un desastre.
Me he dejado la armonía a saber dónde,
y no la encuentro.
¡Espero no haberla perdido!
De momento
ha venido a sustituirla la apatía y
la verdad
no me hace mucha gracia,
pero tampoco me entristece.

Curioso.

jueves, 6 de marzo de 2014

Enamorada del amor.

Aún sigo enamorada del amor,
aún vivo de ilusiones.
Aún creo que todo es posible porque,
si no,
no sé seguir.
Aún disfruto con el dulce de una golosina
deshaciéndose en mi boca.
E incluso apretujando contra mí a un peluche
cuando nadie me ve.
Aún tengo ganas,
alguna vez,
de soltar un berrinche en plena calle
¡¡contra este puto mundo!!
Gritar. Correr. Patalear.
Todo...
antes de quedarme tranquila y volver a respirar.
Aún soy una niñita caprichosa,
que se siente frustrada y relegada
si no consigue lo que quiere.
Aún muero de vergüenza en actos públicos.
Y aún es capaz de sacarme una sonrisa
en el peor de los días
algún acto que me haga volver a creer en la humanidad.
Y me encanta cantar bajo la lluvia
(y sin lluvia)
con aire melancólico
por las calles de Madrid
sintiéndome la protagonista de una peli de amor.
Prota a la cual le sorprenderá el chico de sus sueños
en el momento más inesperado
y le hará disfrutar de emociones apasionantes
y todo acabará en un final feliz.
(Me conozco yo otros finales felices.)
"¿Pero qué final feliz me espera sin tu sonrisa?"
diría yo.
Como si tuviera a quién decírselo.
Como si no supiera que
hace ya tiempo
que no encuentro a quien...
¿merezca la pena?
O sí...
Y es que, en verdad, sigo ilusionándome cada día con
una simple palabra o
un simple gesto.
Que me siguen enamorando las sonrisas.
Sin embargo...
no encuentro a la persona que vea la vida
de la misma forma en que yo la miro.
Que viva a su manera y que
en sus maneras
entre yo.
Que tenga un poco de poeta,
que haga la revolución con sus palabras,
que arregle el mundo las tardes de domingo
tirado en un sofá
cerveza en mano.
Que tenga en las venas rock&roll
y se exprese en forma de rap.
Que tenga la sonrisa sin destrozos.
Que no dude
ni un segundo
cuando se trate de reírse a carcajadas,
mientras tira por la borda la vergüenza.
Que me mire y se sienta libre.
Que me haga respirar libertad.
Que sus manos... me hagan volar.
Que mire mi cuerpo
como aquel cofre del tesoro
de un pirata
de un mapa
que encontró, algún día, en un juego de niños.
Y que invente una forma nueva de conocerme
cada vez que vuelva a verme.
Que sonría.
Que no deje nunca de sonreír.
Excepto cuando esté concentrado en sus artes.
Cualquier arte.
Lo quiero artista.
Y que sueñe.
Y que viva.
Que me deje hacerle ver
que el mundo
no es como nos pintaron que era.
Y que él ya lo sepa.
Que me deje recitarle un poema cada noche
y que se sienta nostálgico
si algún día le falta.
Que tenga ganas siempre de hacerme el amor
y que, cuando haya guerra,
pida una tregua para follarme.

Yo, a cambio,
destejeré cada noche nuestro amor
para volver a tejerlo al día siguiente.
Cada día.
Y serás tú, amor (y no el amor),
de quien me enamore,
y dejaré de vivir de ilusiones
para mantener viva la ilusión,
y cambiaré la dulce golosina por tu lengua,
el peluche ocasional por tu cuerpo.
Siempre.
Los berrinches por la revolución
(y aquí nunca irá punto y aparte)

Aún seré un poco caprichosa,
aún me sacarán una sonrisa los pequeños detalles,
aún seré una ilusa.
Pero tú vivirás a tu manera,
verás la vida como yo la miro,
y en tus maneras
estaré yo.

Yo le escribía versos...

Tocaba mi cuerpo
con la delicadeza con la que aún toca su guitarra.
Siempre había música.
Siempre había ritmo.

Los latidos marcaban el compás
de la melodía que creaban nuestros cuerpos,
llameantes de ganas de volver a escuchar
la increíble composición musical
que surgía de su fusión chispeante.
Cada vez eran notas diferentes,
pero la inspiración era siempre la misma:
tú y yo.

Me miraba
y se hacía un apacible silencio.
Pero los latidos seguían marcando el compás.

Me miraba
y todo se desvanecía como al final de una canción,
sin final.
Disminuyendo el volumen hasta ese hermoso silencio
que pocos saben apreciar.

Sus manos eran tan libres como él.
Sus manos me acariciaban
como descubriendo un instrumento nuevo
aunque me hubiera tocado millones de veces.
Sus manos me hacían descubrir la libertad.

Sonaba la música
y de verdad que tocaba música con mi cuerpo.
Me encantaba la sensación de sentirme...
escuchada por todos sus sentidos,
de ser la pieza principal de sus melodías.

Yo le escribía versos...
le arropaba,
le protegía,
le daba cariño,
le hacía sentir bien.
A veces
pienso que nunca necesitó todo eso
tanto como yo.
No tanto.
A veces
pienso que mi cuerpo ya no emite música
si no me toca él.
A veces
siento que fui yo
que desafiné
en algún crescendo de nuestra gran obra.
A veces
recuerdo que aún no le dejo de querer.
A veces miento,
como cuando digo
que le escribía versos...
pues aún lo hago.

Un paseo para no recordar.

No sé si soy yo que últimamente no soporto a nadie...
O son las demás personas las que se han vuelto insoportables.

Quizá sean las dos,
aunque más la primera que la segunda.
(Y también viceversa.)

Últimamente he estado pensando mucho en ti.
Recuerdo tu manera de hacerme rabiar
y cómo lo arreglabas con sólo mirarme.
Y sólo de recordarlo se me escapa una sonrisa,
más bien nostálgica.
Noto como un temblor en mis párpados
de aguantarme las lágrimas.
Suena el móvil
y espero que seas tú,
aunque ya sea casi imposible.
No he querido borrar tu número por si se me olvida,
porque ahora aún lo recuerdo de memoria,
pero mi primera intención es olvidarlo.
Olvidarte.
La segunda es que vuelvas a abrazarme,
volver a sentir tu olor muy cerca...
Vaya.
Pronto no podré contener las lágrimas.

(Puntos suspensivos entre paréntesis a modo de pausa. De presente a pasado.)

Volvió a sonar el móvil cuando las lágrimas ya hacía un rato que asomaban.
No eras tú.
Pero me alegró mucho el consuelo,
aunque en realidad era yo la que consolaba
de cierta forma.
Como siempre.

Un paseo por el parque
es lo que se lleva ahora,
dicen.
La noche estaba fresca
y aún tenía la garganta destrozada
del fin de semana.
Pero apareció para salvarme
de ti,
de tanto recordar...

Parándome a pensar
a veces la vida me manda una especie de señales,
actos, personas,
que impiden que me hunda
cuando sucede algo inevitable.

Supongo que hoy estoy más optimista que antes de los puntos suspensivos.
Que hoy soy capaz de ver
que la vida me guiña un ojo
a modo de: "ey! que esto para ti no es ná"
Que me jode y luego me sonríe
y esa sonrisa tiene el efecto que tenía tu mirada
para arreglar las cosas.

Y a seguir se ha dicho.
Tiré la toalla tantas veces...
Pero como lo mío no es el orgullo
siempre volvía a recogerla.
Persistente.
Volvía a recogerla y decía: "venga, un poco más".
Esa será mi forma de hacer camino.
Supongo que lo ha sido hasta ahora.

Me puse como propósito aprender a decir que no.
Y a veces me resulta tan difícil...
A ti no sabía negarte nada.
Quizá me acostumbré a ello,
o quizá siempre fui así.

En los últimos tiempos he oído mucho eso
de que la vida te demuestra
que si eres bueno, te acaban jodiendo.
Nunca estuve de acuerdo con eso,
aunque sí que lo he llegado a pensar.
No sé... cuando hay personas que te importan
no está mal eso de dar más de lo que recibes.
Al final se acabarán dando cuenta,
¿no?
O no.
Eso a ti no te importa.
Tú das sin consecuencias ni reproches.
Sale solo.
No lo puedes evitar.

Estupidez.
Eso es otra cosa.

Pero cada vez más gente piensa que ser bueno es ser estúpido.
En verdad lo ven así.
Te ven así.
Nos ven así.
Puta sociedad...
¿Cómo cojones quieren que seamos?
Pff... me importan tan poco
como a Oliverio Girondo
el que su mujer diez tenga una nariz
que podría ganar el primer premio
en una exposición de zanahorias.
Y así son las cosas...
Y así se las hemos contado...
(Aplausos entre paréntesis.
Como en los subtítulos para sordomudos.)
Debería empezar a escribir guiones o...
o irme a dormir.
Es otra opción.

Buenas noches.