miércoles, 31 de diciembre de 2014

Reflexiones de otro 31 de diciembre: sé feliz.

Las horas se acompasan con el crujir de los esqueletos
que se escurren de las cortinas de mi cuarto.
Juegan a hacer sombras en el techo y por todas las paredes, dibujando
escenas de un futuro que no volverá, que ya no me alcanzará.
En algún momento
mis sueños cambiaron de perspectiva
y mis metas se llenaron de una sustancia gelatinosa
y pegajosa
y grumosa
a la que te repugnaría acercarte.
Sin embargo asumo
que cualquier camino puede frenarte de enredaderas,
pero que eso es lo mínimo que te puede pasar.
Asumo
que en mi camino apenas veo
el suelo al siguiente paso,
aunque dé igual
porque a menudo se me olvida posar
los pies sobre éste.
Asumo
que no puedo encariñarme del camino,
porque en cualquier momento un desvío
puede alterar la velocidad del secundero,
el orden de los meridianos,
la temperatura de mi cama
(e incluso la humedad).

Hoy, por ejemplo, daré un paso hacia adelante
(o un aleteo más),
porque cada paso es un atajo
hacia alguna parte.

Hoy puedo decir
que siempre fui esa chica torpe de la que nadie se enamora,
pero que aún he bebido muchas más cervezas
que las que he tirado.
Que nunca me he enamorado,
pero sí he llorado mucho.
He hecho el ridículo muchas veces, hasta perder el miedo,
hasta hartarme.
Y me harté.
Se han reído de mí y me he reído.
Y ahora tengo cosquillas hasta en los tobillos.
Y a veces soy un poco exagerada.

Puedo decir, también, que los enfados se me pasan en 5 minutos,
que es muy difícil sacarme de quicio,
pero que si alguien lo consigue
puedo llegar a doler.
Que cuando me estreso soy un poco borde,
y que odio,
profundamente,
a muy pocas personas.

Que normalmente me pillan las mentiras,
que soy un poco freak de la ortografía
y que me da rabia cuando alguien no le pone comillas a un texto que no es suyo.

Que últimamente nadie me quita la sonrisa,
ni me asustan ya los días
nublados,
ni siquiera este invierno que se avecina
sin él.

Que, sí, vale, no soy perfecta,
sino todo lo contrario,
tengo más defectos que cicatrices en mis piernas,
muescas de la habilidad de mi torpeza.
Y no me canso ni me cansaré de cometer errores.
Pero como ya dije en otro poema:
mi corazón es un pobre desgraciado
que no le haría daño a nadie
más que a sí mismo.

Podría decir, además, que "este año ha sido fabuloso" y que "gracias por haber formado parte de él". Pero, en fin, sería mentira
(y plagio del FB).

Volviendo al principio puedo decir que al empezar el año, cada vez que corría las cortinas, no veía nada más que esas horribles enredaderas asediándome de todo cuanto me pudiera salvar.

Pero llegados a ese punto,
sin saber en qué mínimo instante
(porque así es como cambian las cosas, en mínimos instantes),
me llegué a encontrar aquí, ante vosotros, donde hoy me encuentro.
Donde otras veces me busqué o narré algún otro desencuentro.
Porque en algún momento
decidí secarme las lágrimas,
respirar hondo
y abrir las ventanas,
dejando que las enredaderas arrasaran
con todo lo que estaba
a mi alrededor, para
así
quedarme yo libre.

Este año en el que, por primera vez, recité mis movidas delante de otras personas que también leían o recitaban,
otras que escribían o escuchaban,
otras que bebían y/o criticaban.
Este año que me ha dado giros de 180° a base de hostias,
aunque también de besos...
Este año en el que he conocido a personas realmente inolvidables,
este año en el que he tenido la gran suerte de alejarme de personas que hacían daño
y de mantener a mi lado a todas las personas que ya conocía y que son parte de mi vida.

Este año que ya casi acaba
que dará paso, brindando con cava,
a otro año lleno de propósitos
que se convertirán en despropósitos
del mismo.

Debéis perdonarme el egotismo
de este poema,
o lo que sea.
Sólo quería deciros
después de tanta mierda
que si alguna vez llegáis a pensar que todo va mal
sabed que siempre hay algo que tira hacia adelante
y eso tenéis que ser cada uno de vosotros,
de vuestras vidas lo más importante.

Y para todo lo demás,
como ya dije algún día,
tienes dos opciones:
creerlo o crearlo.

Y no tengo nada más que decir.
No tengo nada más.
¿Qué decir?
Sólo... gracias.
Por todo.
Por formar parte de mí.


jueves, 11 de diciembre de 2014

Rego(ci)jos de cariño.

Moldeo mis pasos al antojo
de los versos que despojo
                                               a deshora,
y entre el venir
y el devenir
del manojo
                    de tus besos a mi mente
desalojo
                de desastres tu presente
(con los míos)
y no me importa tu pasado
y recojo
               de tu alcoba los rastrojos
de un futuro equivocado.
Y ya no deshojo
                             de los pétalos la escarcha
porque mojo
                        con tu calor de efecto invernadero
el rojo
            de mis labios,

porque este deshielo cálido
bebido por tus ojos
no es sino la trama oculta de un suspiro ávido
que se descubre cada vez que escojo,
de entre todas tus miradas,
cuando me observas de reojo.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

"Por el vértigo que supone alejarse del abismo."

«Pero mis palabras
son funambulistas sordos
en el circo fantasma de las utopías.»
Suso Sudón


Hay mucha gente que habla de los funámbulos en sus poemas.
Y yo...
juro que toco el cielo con tus dedos
sin alambre ni cuerda floja.
Y no digo nada.

Y despiertas sonámbulo en mis caderas
y la gente ya no sabe de qué hablar.
Digo,
porque no sabría de lo que hablo.
Y yo cojo entre mis manos puñados de tierra en pleno vuelo
y se los lanzo a la cara a modo de antifaz.
Para cubrir sus fríos rostros
pero aún dejándoles ver
tus mejillas sonrojadas.

Y sin más preámbulos en mi destreza,
alzo el vértigo hasta no ver ni fondo ni tierra,
hasta perder el equilibrio en tus labios,
hasta echar la vista atrás y ver todo un paisaje de precipicios
mientras me envuelvo en ti como en las ramas que salvarán mi caída
aunque no caiga
ni decaiga.
Ya.

Y entonces te beso y pierdo el vértigo,
esperando que nunca necesites buscar refugio,
pero haciéndote saber
o recordándote
que si algún día te hace falta
tienes cada poro de mi piel
como regazo.

viernes, 5 de diciembre de 2014

Si dudaran de su inspiración las musas.

Deja que posen sus desastres oxidados a desgana
en este pentagrama gris metalizado,
que discorden sus acordes de musas sedientas
de cristales corrompidos por el desánimo
clavándose en las plantas de los pies
musicalizando crujidos erizados.


Que inunden de turquesa los galones que las realzan
y los verdes prados donde se aposentan,
que se quiebren ante el graznido de los cuervos que velan su caída
y ante el vuelo de los halcones que las amedrentan.


Que se hiele cada charco antes de que salpiquen
de alborozo sus cordones desatados,
que reconozcan la libertad cuando vuelvan la cabeza
y ya sólo, alejándose, les dé la espalda,

que arda el oscuro desparpajo

donde ocultan con esmero su morralla.


Deja que ocurra bajo mil deseos fugaces,
que todo eso ocurra si no aceptan su miseria de mortales
envuelta en hileras
de versos de princesas callejeras
y mendigas ambiciosas.
Si no aceptan su miseria de mortales,
oh, veneradas diosas.