Algunas veces me invaden pensamientos de locura
pensando en cómo reaccionaría la gente si de repente empezara a tirar todo al suelo
en un bar por ejemplo.
Los vasos, los abrigos, las sillas, las cosas de la gente, you know?
Los cuadros o las fotos de la pared,
el mismo micro.
Todo al grito de:
"EL SILENCIO OTORGA!"
Mientras sigo inundando con ruido la sala
rompiendo:
con todo
contra el suelo.
Tal vez entonces
de entre todas las caras de estupefacción
alguien (más de uno) reaccionaría
y me cogerían entre dos de los brazos y yo diría:
"eh, eh, chicos... que si me sujetáis no puedo volar".
Entonces ya sería el acabose,
habría llegado al punto álgido de vuestras directrices de 'cómo no llevar una vida normal' y
tal vez
acabaría en un psiquiátrico.
De hecho quizá en este momento estéis pensando que estoy loca. Aunque aún no me veáis capaz de empezar a tirar el pie de micro,
ni de arrancar las fotos de las paredes,
ni de vaciar vuestras mesas con sutil impunidad
(y bajo vuestro asombro) arrebatándoos lo que,
para algunos,
bien podría ser uno de sus bienes más preciados:
el alcohol.
Y es que ¿quién no ha llorado alguna vez porque su copa se cayó al suelo?
¿Qué?
¿Nadie?
Em...
Bien, sigamos.
Tranquilos, a pesar de todo
aún conservo a la niña que habita dentro de mí
(que a mí esto siempre me ha sonado a canibalismo
pero en fin).
Aún a veces juego por los pasos de cebra
a eso de sólo pisar las rayas blancas.
Otras veces pienso en aspirármelas todas
y entonces la niña se va a la puta.
Puta, putita.
A veces caigo en pozos de envidia.
Ni escaleras ni cuerdas.
Y soy capaz de masturbarme con las imágenes más escalofriantes que la hayan provocado.
La envidia.
Hasta que me corro tanto que logro salir a flote.
Y a seguir caminando.
O volando.
Ya sabéis.
Y ahora el dilema:
que si no publico esto en ningún sitio será como estar hablando sola
y, claro,
me quedaría yo aquí con todas mis putas locuras.
¿Sabéis qué?
Desde que empecé a engancharme a los blogs y videoblogs me dio por pensar una serie de cosas respecto a estos especímenes
(entre los que ahora me incluyo)
que dieron lugar a una teoría simple y concisa.
¿Mi teoría?
Si no hiciéramos esto
tooodos
nos volveríamos locos.
Y quizá mi escenita del bar se haría realidad.
¿No creéis?
En fin
esto podría desembocar en otros temas de mayor en-verga-dura
pero lo voy a ir dejando por aquí.
Agur.
jueves, 30 de octubre de 2014
miércoles, 29 de octubre de 2014
Mi corazón
Mi corazón se quiere suicidar.
Busca su muerte lenta y dolorosa.
Mi corazón va arrancándose pedazos y regalándolos en mis narices
cuando me pilla despistada
sonriéndole
a quién-sabe-quién.
Y a mis espaldas ata hilos hacia otros corazones a sabiendas que si el otro se aleja
le desgarrará.
Mi corazón es un jodido masoquista
que no le haría daño a nadie
más que a él mismo.
Maneja mis ojos a su antojo y, cual marionetas, los mueve hacia la persona que más le haga bombear,
como un yonki buscando un camello que le dé el último chute a ver si le mata, así,
buscando latidos extremos hasta el paro cardíaco.
Y nunca lo consigue, joder, nunca.
Pero es una maldita droga.
Así que no para de buscar
a ese tipo de personas.
Hasta que todo se colapsa y, enfermo, me hace llorar sangre.
Qué hijo de puta.
Mi corazón padece envidia de mi cuerpo,
lo de fuera.
Por el sentido del gusto y el tacto,
los escalofríos,
el calor de otra piel y todo aquello que provoca su mayor éxtasis.
Por eso, mi corazón,
lo de dentro,
algún día reventará en un orgasmo.
Busca su muerte lenta y dolorosa.
Mi corazón va arrancándose pedazos y regalándolos en mis narices
cuando me pilla despistada
sonriéndole
a quién-sabe-quién.
Y a mis espaldas ata hilos hacia otros corazones a sabiendas que si el otro se aleja
le desgarrará.
Mi corazón es un jodido masoquista
que no le haría daño a nadie
más que a él mismo.
Maneja mis ojos a su antojo y, cual marionetas, los mueve hacia la persona que más le haga bombear,
como un yonki buscando un camello que le dé el último chute a ver si le mata, así,
buscando latidos extremos hasta el paro cardíaco.
Y nunca lo consigue, joder, nunca.
Pero es una maldita droga.
Así que no para de buscar
a ese tipo de personas.
Hasta que todo se colapsa y, enfermo, me hace llorar sangre.
Qué hijo de puta.
Mi corazón padece envidia de mi cuerpo,
lo de fuera.
Por el sentido del gusto y el tacto,
los escalofríos,
el calor de otra piel y todo aquello que provoca su mayor éxtasis.
Por eso, mi corazón,
lo de dentro,
algún día reventará en un orgasmo.
jueves, 23 de octubre de 2014
Luto de claridad espasmódica.
Ella lleva tacones,
gafas de sol
y unas medias a modo de velo para cubrir sus piernas.
Éstas tiemblan a cada paso
como si fuera demasiada la carga
que tuvieran que arrastrar
y, sin embargo,
a simple vista
parece tan poca.
La carga.
Eléctrica.
De su rubio pelo al viento.
Podría dar calambre a las mismísimas tormentas.
Su sonrisa
de plomos saltando.
Como el chispazo antes de un apagón.
En ese trance.
Y un cuerpo fino a la par que esbelto
que mece la brisa de neones de un adiós que
tal vez
ahora
echa de menos.
Ella pasa impasible por su causa.
Atraviesan sus ojos los cristales opacos
y te mira con aspecto desolado
dando por sentada su ausencia de resorte.
Pero sigue su camino sin solicitar consorte.
Fría y repentina
en un cruce de suspiros.
Ella pasa y crea ondas que
ya quisiera el mar ser tan desgraciado.
Ella guarda ya sus sueños en un bolso cerrado.
Ella va de negro entera.
Vacía.
Y se aleja pisando un camino desgastado.
Que ni ve, ni espera, ni sueña.
Perdida.
Sin rumbo.
Sin prisa.
Sin estupor.
Como una vela sin motor.
Le quedarán las fotos,
los libros,
quizá retratos sin pintar.
Afligida,
rezagada
en su eterna soledad.
gafas de sol
y unas medias a modo de velo para cubrir sus piernas.
Éstas tiemblan a cada paso
como si fuera demasiada la carga
que tuvieran que arrastrar
y, sin embargo,
a simple vista
parece tan poca.
La carga.
Eléctrica.
De su rubio pelo al viento.
Podría dar calambre a las mismísimas tormentas.
Su sonrisa
de plomos saltando.
Como el chispazo antes de un apagón.
En ese trance.
Y un cuerpo fino a la par que esbelto
que mece la brisa de neones de un adiós que
tal vez
ahora
echa de menos.
Ella pasa impasible por su causa.
Atraviesan sus ojos los cristales opacos
y te mira con aspecto desolado
dando por sentada su ausencia de resorte.
Pero sigue su camino sin solicitar consorte.
Fría y repentina
en un cruce de suspiros.
Ella pasa y crea ondas que
ya quisiera el mar ser tan desgraciado.
Ella guarda ya sus sueños en un bolso cerrado.
Ella va de negro entera.
Vacía.
Y se aleja pisando un camino desgastado.
Que ni ve, ni espera, ni sueña.
Perdida.
Sin rumbo.
Sin prisa.
Sin estupor.
Como una vela sin motor.
Le quedarán las fotos,
los libros,
quizá retratos sin pintar.
Afligida,
rezagada
en su eterna soledad.
"Ella es, por eso estoy"
"Ella es, por eso estoy" - Carlos Salem
Dicen
que los sueños pueden mecerse
en telas de araña-zos
o en retales de caricias,
que bajo mi piel habitan
tanto la guerra
como el amor.
Ambos.
Yo sólo sé que ahora
no soy capaz
de dejar de dejarme llevar.
Que ya nadie me mata las ganas
de descubrir nuevos mundos.
Y que aún me queda mucho que agradecer
a los que apartan a patadas las piedras de mi camino
y a los que las dejan porque saben que muchos aprendizajes brotan de los tropiezos.
Que me queda muy poco que arrepentirme por lo que ya he recorrido
y tanto por recorrer...
Y, sobre todo, que cuando me rodeo de versos
ese poco
converge a cero
y todos mis caminos se hacen infinitos.
Por eso y mucho más:
POESÍA.
miércoles, 22 de octubre de 2014
Del frío al calor.
Permíteme que esta vez sea más literaria que literal.
Volvía de algún lugar en la línea 1 de metro, la tuya.
Hasta ese momento aún no me había rondado nada por la cabeza.
Lo siguiente pasó cuando salí en Sol (mierdafone) para hacer transbordo a la línea 3, la mía.
Fue entonces cuando ocurrió: te vi.
Sí, eso pensé que ocurría en ese momento.
Pasaron apenas segundos hasta que caí en la cuenta de que no eras tú.
Los malos juegos de la imaginación, supongo
(y mi torpeza de ir sin gafas por la vida).
Pero para ese entonces ya se había abierto el fuego en mi cabeza.
Millones de ideas a-tentando contra una herida semiabierta (o semicerrada, dependiendo del grado de optimismo).
Sentí miedo.
¿Tú te has parado a pensarlo?
Un encuentro inesperado...
¿Cómo sería?
Y algo así me pregunté: ¿cómo hubiera sido?
Supuse, en un primer momento, que hubiera pasado indiferente. Pensando más en frío, te hubiera mirado indiferente. Dando un paso más, te hubiera saludado indiferente.
Pero en todo caso frío.
Y no sé si terminaba de gustarme la idea...
Acabé concluyendo que todo hubiera venido determinado, también, por tu reacción.
La cuestión es que entre tanto planteamiento, diversidad de posibilidades y una maraña de líneas de metro, llegué al vestíbulo para el transbordo y en ese instante ocurrió lo relevante: llegaba a mis oídos Boulevard of Broken Dreams. Sí.
¿Casualidad?
La música siempre trae tanta paz, ¿verdad?
La música siempre fue nuestra tabla de salvación.
Así que dejé de sentir frío.
Respecto a ti y respecto a mí.
A medida que iba haciendo camino.
Así es como debía ser.
A cada paso menos frío y más alta la música.
Y ese es el porqué
de
que
al día siguiente
en un momento de insomnio...
Volvía de algún lugar en la línea 1 de metro, la tuya.
Hasta ese momento aún no me había rondado nada por la cabeza.
Lo siguiente pasó cuando salí en Sol (mierdafone) para hacer transbordo a la línea 3, la mía.
Fue entonces cuando ocurrió: te vi.
Sí, eso pensé que ocurría en ese momento.
Pasaron apenas segundos hasta que caí en la cuenta de que no eras tú.
Los malos juegos de la imaginación, supongo
(y mi torpeza de ir sin gafas por la vida).
Pero para ese entonces ya se había abierto el fuego en mi cabeza.
Millones de ideas a-tentando contra una herida semiabierta (o semicerrada, dependiendo del grado de optimismo).
Sentí miedo.
¿Tú te has parado a pensarlo?
Un encuentro inesperado...
¿Cómo sería?
Y algo así me pregunté: ¿cómo hubiera sido?
Supuse, en un primer momento, que hubiera pasado indiferente. Pensando más en frío, te hubiera mirado indiferente. Dando un paso más, te hubiera saludado indiferente.
Pero en todo caso frío.
Y no sé si terminaba de gustarme la idea...
Acabé concluyendo que todo hubiera venido determinado, también, por tu reacción.
La cuestión es que entre tanto planteamiento, diversidad de posibilidades y una maraña de líneas de metro, llegué al vestíbulo para el transbordo y en ese instante ocurrió lo relevante: llegaba a mis oídos Boulevard of Broken Dreams. Sí.
¿Casualidad?
La música siempre trae tanta paz, ¿verdad?
La música siempre fue nuestra tabla de salvación.
Así que dejé de sentir frío.
Respecto a ti y respecto a mí.
A medida que iba haciendo camino.
Así es como debía ser.
A cada paso menos frío y más alta la música.
Y ese es el porqué
de
que
al día siguiente
en un momento de insomnio...
martes, 21 de octubre de 2014
ameoqpoema
¿Y si la ruina no quiere perderte de vista?
¿Y si al deseo le da por fingir?
¿Y si el tiempo dejara entrever
que hay gente que busca morir
cada día
cubriendo con la arena de un reloj
su falta de amor?
¿Y si descubrieras que el otoño ha vuelto a dejar mis raíces desnudas?
¿Y si no existieran más días para robarte los besos a orgasmos?
¿Y si sólo quedara dolor en la caricia?
¿Y si me supieras más amargo?
¿Y si los poemas se fueran por la borda?
Súmale el símil de que la vida es un barco.
¿Y si todos nos fuéramos a pique?
¿Y si nos dejáramos ahogar en un charco?
¿Y si se acabara ya esta mierda de poema?
O al menos al darle la vuelta...
Nos vamos pisando charcos para esquivar el repicar de las campanas.
Y réstale el misil a tu vida,
y pon el barco a la deriva
del borde del poema.
Y saboréame dulce.
Y aráñame de amor.
Y regálale días a los orgasmos o,
si les cobras,
que sean besos.
Y si volteas mi árbol
verás
que, a pesar del otoño,
aún conservo las ramas.
Si las desnudas te presto primaveras.
Y las personas saldrán de sus dunas de relojes
y en lugar de la arena sólo robarán el calor al desierto para hacer el amor sin pensar en deseos fingidos ni en ruinas que supongan dejar de pensar
o dejar de vivir.
Y nada de perderte de vista.
Sino ganarte con todos los sentidos.
¿Y si al deseo le da por fingir?
¿Y si el tiempo dejara entrever
que hay gente que busca morir
cada día
cubriendo con la arena de un reloj
su falta de amor?
¿Y si descubrieras que el otoño ha vuelto a dejar mis raíces desnudas?
¿Y si no existieran más días para robarte los besos a orgasmos?
¿Y si sólo quedara dolor en la caricia?
¿Y si me supieras más amargo?
¿Y si los poemas se fueran por la borda?
Súmale el símil de que la vida es un barco.
¿Y si todos nos fuéramos a pique?
¿Y si nos dejáramos ahogar en un charco?
¿Y si se acabara ya esta mierda de poema?
O al menos al darle la vuelta...
Nos vamos pisando charcos para esquivar el repicar de las campanas.
Y réstale el misil a tu vida,
y pon el barco a la deriva
del borde del poema.
Y saboréame dulce.
Y aráñame de amor.
Y regálale días a los orgasmos o,
si les cobras,
que sean besos.
Y si volteas mi árbol
verás
que, a pesar del otoño,
aún conservo las ramas.
Si las desnudas te presto primaveras.
Y las personas saldrán de sus dunas de relojes
y en lugar de la arena sólo robarán el calor al desierto para hacer el amor sin pensar en deseos fingidos ni en ruinas que supongan dejar de pensar
o dejar de vivir.
Y nada de perderte de vista.
Sino ganarte con todos los sentidos.
domingo, 19 de octubre de 2014
Quemando tus recuerdos.
Ya han pasado muchas noches
desde aquella última vez.
Yo ya la había cagado,
lo tenía claro.
Todo había acabado.
Pero tú tenías claro
que nunca nada empezó.
¿Recuerdas las palabras?
¿La canción que sonaba?
¿El portazo que no di
al bajarme del fiat punto?
Sólo podría desearte nada,
la más absoluta.
Lo menos...
La nada.
Fueron tantas tardes juntos
de pelis, cerveza y música.
La música que acompasaba
nuestros cuerpos en el tumulto
de las caricias y los besos.
Tantas noches han pasado
que ahora empiezo a recordarte
de nuevo.
Y no sé
por qué
empiezo a llorarte
de nuevo.
Ahora que creí que
(tantas noches han pasado)
tenía que haberte olvidado
a tiempo y,
la verdad,
"qué mala es la soledad".
Y "como escuecen las llagas de la falta de tus labios"
Y eso que cantas de
quién coño cuidará ahora de ti,
o algo así.
De silencios y agravios
llenamos nuestros últimos suspiros
y todavía siento el frío
de no encontrarte por ahí...
Todavía
escucho tu música
en el metro de Madrid
aunque no estés,
aunque no aparezcas,
aunque no me mezcas
ya en el desdén
de tu mirada
como cuando te hacía de rabiar.
En tus manos
que temblaban al verme llegar,
en las risas
y hasta en las lágrimas que nunca debí gastar...
Tantos gestos, tantos versos.
Tanta mierda.
Voy a quemar tus recuerdos,
¿recuerdas?
Era la única canción de Extremo que sabías tocar.
Voy a quemar tus recuerdos.
Me gusta creer que eso
no fue casualidad.
desde aquella última vez.
Yo ya la había cagado,
lo tenía claro.
Todo había acabado.
Pero tú tenías claro
que nunca nada empezó.
¿Recuerdas las palabras?
¿La canción que sonaba?
¿El portazo que no di
al bajarme del fiat punto?
Sólo podría desearte nada,
la más absoluta.
Lo menos...
La nada.
Fueron tantas tardes juntos
de pelis, cerveza y música.
La música que acompasaba
nuestros cuerpos en el tumulto
de las caricias y los besos.
Tantas noches han pasado
que ahora empiezo a recordarte
de nuevo.
Y no sé
por qué
empiezo a llorarte
de nuevo.
Ahora que creí que
(tantas noches han pasado)
tenía que haberte olvidado
a tiempo y,
la verdad,
"qué mala es la soledad".
Y "como escuecen las llagas de la falta de tus labios"
Y eso que cantas de
quién coño cuidará ahora de ti,
o algo así.
De silencios y agravios
llenamos nuestros últimos suspiros
y todavía siento el frío
de no encontrarte por ahí...
Todavía
escucho tu música
en el metro de Madrid
aunque no estés,
aunque no aparezcas,
aunque no me mezcas
ya en el desdén
de tu mirada
como cuando te hacía de rabiar.
En tus manos
que temblaban al verme llegar,
en las risas
y hasta en las lágrimas que nunca debí gastar...
Tantos gestos, tantos versos.
Tanta mierda.
Voy a quemar tus recuerdos,
¿recuerdas?
Era la única canción de Extremo que sabías tocar.
Voy a quemar tus recuerdos.
Me gusta creer que eso
no fue casualidad.
jueves, 9 de octubre de 2014
Des-propósitos.
[Lo peor del paso del tiempo, en mi opinión, es que ya no encuentras a personas sin heridas notables.
Aunque,
supongo, que también es lo bonito de esta vida de bruces:
el aprendizaje de los tropiezos.
"Cuidado con las caídas".
"Perdón por los recuerdos".
Y "gracias por otra herida,
esta
me la guardo de amuleto".]
Siendo tantas las prisas...
La apertura de un cajón vacío de luz
me dice que aún quedan encuentros que contar.
Que ya no nos vale buscar entre los restos.
Que hay que saber cuando echar el freno entre el ruido del pasado, pero...
Sssh,
aún me quedan silencios que ofrecer.
Los sueños pueden quedarse a dormir en tu sonrisa, si quieres, pero no mi dolor.
Sé que vives en un bucle de hielo y escarcha,
de lluvia sin retorno.
Que el frío para ti tiene ese efecto boomerang...
Que sí, que ya sé que tus secretos no tienen guarida.
Que la sed de libertad se llevó tu oasis.
Que no te alimentan los besos y que borras mis caricias cada vez que sale el sol.
Sin embargo,
puedo decirte
que me gusta el aroma de la lluvia si te recuerda un poco a mí.
Y debo decirte
que por mucho que te empeñes
no podrás evitar que me despeñe desde la concupiscencia de tus costillas.
Que si me miras,
aunque sea de reojo,
hago oídos sordos al mascullar de los relojes.
Que los bailes imperiales no tienen sentido sin tu imperio de naipes.
"Ey, no soples.
Yo también puedo caerme."
Y a propósito de precipicios:
Lo que pasa es que hace tiempo que me asomé en tu mirada
y me divierte tanto el cosquilleo del vértigo...
El tránsito de mi soledad ya no digiere las noches en vela sin pensarte.
Y a propósito de arte:
Déjame decirte que somos una obra de...
¿Te has dado cuenta?
La otra vez lo pensé:
¿se podrá morir de placer?
Pero no te lo dije.
No.
Porque te debía más orgasmos y silencios.
Y a propósito de silencio:
Aunque,
supongo, que también es lo bonito de esta vida de bruces:
el aprendizaje de los tropiezos.
"Cuidado con las caídas".
"Perdón por los recuerdos".
Y "gracias por otra herida,
esta
me la guardo de amuleto".]
Siendo tantas las prisas...
La apertura de un cajón vacío de luz
me dice que aún quedan encuentros que contar.
Que ya no nos vale buscar entre los restos.
Que hay que saber cuando echar el freno entre el ruido del pasado, pero...
Sssh,
aún me quedan silencios que ofrecer.
Los sueños pueden quedarse a dormir en tu sonrisa, si quieres, pero no mi dolor.
Sé que vives en un bucle de hielo y escarcha,
de lluvia sin retorno.
Que el frío para ti tiene ese efecto boomerang...
Que sí, que ya sé que tus secretos no tienen guarida.
Que la sed de libertad se llevó tu oasis.
Que no te alimentan los besos y que borras mis caricias cada vez que sale el sol.
Sin embargo,
puedo decirte
que me gusta el aroma de la lluvia si te recuerda un poco a mí.
Y debo decirte
que por mucho que te empeñes
no podrás evitar que me despeñe desde la concupiscencia de tus costillas.
Que si me miras,
aunque sea de reojo,
hago oídos sordos al mascullar de los relojes.
Que los bailes imperiales no tienen sentido sin tu imperio de naipes.
"Ey, no soples.
Yo también puedo caerme."
Y a propósito de precipicios:
Lo que pasa es que hace tiempo que me asomé en tu mirada
y me divierte tanto el cosquilleo del vértigo...
El tránsito de mi soledad ya no digiere las noches en vela sin pensarte.
Y a propósito de arte:
Déjame decirte que somos una obra de...
¿Te has dado cuenta?
La otra vez lo pensé:
¿se podrá morir de placer?
Pero no te lo dije.
No.
Porque te debía más orgasmos y silencios.
Y a propósito de silencio:
.
viernes, 3 de octubre de 2014
Por ella.
Ella.
Que os juro que con una sonrisa difuminaría todas las nubes grises hasta dejar un lienzo en blanco
sobre el que posar los sueños.
Sí, ese lienzo en blanco.
A veces no hay nada más bonito.
Ella.
Que es capaz de rasgar mi dolor
sólo con hacer ver sus lágrimas.
Caer sin con-sentimiento.
Ella que un buen día decidió volar y luchar por sueños ajenos anteponiéndolos a cualquier hilo
que pudiera remendar
los retales de su vida.
La primera persona a la que admiro más que a nadie
es ella.
Ella que siempre representó la fuerza.
Toda ella era una enorme fortaleza indestructible.
Así que (no sé si) comprenderéis
todo lo que ocurrió dentro de mí
el día en que la vi derrumbarse.
El día en que se olvidó
de que nuestra forma de enfrentarnos a lo que pudiera venir
no era más que un reflejo de su serio semblante ante los problemas.
Ella.
Que frunce el ceño para cubrir su dulce inocencia.
Que se cubre con la mano la boca cuando te cuenta.
Para que nadie vea sus gritos de auxilio.
Que, en cambio, alza la voz y señala con descaro cuanto te dice.
Cuando habla de cosas insignificantes.
Cuando para ella sólo existen su remitente y su circunstancia.
Ella es quien responde si acaso un simple y llano "gracias"
tras un alud de sentimientos.
Y, sin embargo, le encantan los detalles.
Y se ahoga si le faltan las caricias.
Y entonces las reclama.
Aunque no esté en su lista de tareas el ofrecerlas.
Y tú, que la quieres de verdad,
casi más que a nada
(y a pesar de),
sabes que no le faltarán los besos.
A ella.
Fría como el agua de río. Y tan pura como tal. Transparente.
Con su sinceridad de cascada.
Frágil, sencilla, como ardua Rosa.
Como su nombre indica.
Delicada y espinosa.
Ella,
la persona que más me hizo dudar de no poder llegar a la altura,
plantearme mis sueños, mis metas,
incluso dudar de mi estima,
creándome estigmas difíciles de cicatrizar.
Tardé tiempo en darme cuenta, y ella lo sabe,
que en realidad siempre di mucho más de lo que esperaba.
Por ella.
Todo.
Así que el día en que me dijo que su vida se le iba por el desagüe,
que su risa se había tornado en recuerdo,
que los días se le hacían fango
embadurnándolo todo.
El día que vino a mí,
(sin máscaras, porque ella nunca)
con su sueño desgarrado entre las manos,
maltratado
maltrecho
malherido
maldita sea, ¿qué mierda hicimos mal?
Ella que dio tanto.
Que se enamoró perdidamente.
Que tenía un simple y llano deseo.
Un sueño común.
Un hogar.
(Yo la he visto hacer de tripas corazones. Os lo juro.)
Ella que, cierto día, vio su mundo deshaciéndose entre sus dedos.
Ese día.
El día en que me dijo que no era feliz.
Que no era feliz.
¿Sabéis lo que es eso?
Eso
es otra forma de morir.
Pero yo inventaría vidas por seguir haciéndolo.
Por ella.
Que os juro que con una sonrisa difuminaría todas las nubes grises hasta dejar un lienzo en blanco
sobre el que posar los sueños.
Sí, ese lienzo en blanco.
A veces no hay nada más bonito.
Ella.
Que es capaz de rasgar mi dolor
sólo con hacer ver sus lágrimas.
Caer sin con-sentimiento.
Ella que un buen día decidió volar y luchar por sueños ajenos anteponiéndolos a cualquier hilo
que pudiera remendar
los retales de su vida.
La primera persona a la que admiro más que a nadie
es ella.
Ella que siempre representó la fuerza.
Toda ella era una enorme fortaleza indestructible.
Así que (no sé si) comprenderéis
todo lo que ocurrió dentro de mí
el día en que la vi derrumbarse.
El día en que se olvidó
de que nuestra forma de enfrentarnos a lo que pudiera venir
no era más que un reflejo de su serio semblante ante los problemas.
Ella.
Que frunce el ceño para cubrir su dulce inocencia.
Que se cubre con la mano la boca cuando te cuenta.
Para que nadie vea sus gritos de auxilio.
Que, en cambio, alza la voz y señala con descaro cuanto te dice.
Cuando habla de cosas insignificantes.
Cuando para ella sólo existen su remitente y su circunstancia.
Ella es quien responde si acaso un simple y llano "gracias"
tras un alud de sentimientos.
Y, sin embargo, le encantan los detalles.
Y se ahoga si le faltan las caricias.
Y entonces las reclama.
Aunque no esté en su lista de tareas el ofrecerlas.
Y tú, que la quieres de verdad,
casi más que a nada
(y a pesar de),
sabes que no le faltarán los besos.
A ella.
Fría como el agua de río. Y tan pura como tal. Transparente.
Con su sinceridad de cascada.
Frágil, sencilla, como ardua Rosa.
Como su nombre indica.
Delicada y espinosa.
Ella,
la persona que más me hizo dudar de no poder llegar a la altura,
plantearme mis sueños, mis metas,
incluso dudar de mi estima,
creándome estigmas difíciles de cicatrizar.
Tardé tiempo en darme cuenta, y ella lo sabe,
que en realidad siempre di mucho más de lo que esperaba.
Por ella.
Todo.
Así que el día en que me dijo que su vida se le iba por el desagüe,
que su risa se había tornado en recuerdo,
que los días se le hacían fango
embadurnándolo todo.
El día que vino a mí,
(sin máscaras, porque ella nunca)
con su sueño desgarrado entre las manos,
maltratado
maltrecho
malherido
maldita sea, ¿qué mierda hicimos mal?
Ella que dio tanto.
Que se enamoró perdidamente.
Que tenía un simple y llano deseo.
Un sueño común.
Un hogar.
(Yo la he visto hacer de tripas corazones. Os lo juro.)
Ella que, cierto día, vio su mundo deshaciéndose entre sus dedos.
Ese día.
El día en que me dijo que no era feliz.
Que no era feliz.
¿Sabéis lo que es eso?
Eso
es otra forma de morir.
Pero yo inventaría vidas por seguir haciéndolo.
Por ella.
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