miércoles, 20 de julio de 2016

A tu país de Nunca Jamás.

Nos dejaste
el corazón en vilo, esperando
(al menos) un adiós.

Partiste
la roca de tu camino, esperando
que las sobras de lo que fuiste nos bastaran.

Marchaste
una tarde de mayo
trayéndonos de vuelta la lluvia de abril.

Volaste
con tu corazón en vilo, sufriendo
ya por nunca jamás.

miércoles, 22 de junio de 2016

S.

Tú te llevas el cielo en el que nunca creí.
Te llevas las huellas de tu camino en el bolsillo.
Te llevas
en un puño la tierra
y en el otro un pañuelo para secar el silencio.
Este silencio
que retumba en nuestro pecho
y no nos deja dormir.

Mi pequeño gran genio,
si algo fue perfecto
fue llevarte de la mano,
caminar sobre alfombras de estepa,
charlar sobre el fin del mundo o,
qué se yo,
sobre algo tan desarraigado como era nuestro futuro.

Al final, tenías razón: "quién sabe..."

Quién sabrá nunca engañar como solía tu sonrisa.
Quién sabrá.
Encestar, si acaso un charco, en una orilla,
o remar, pájaros dentro, mil fronteras.
Quién sabrá retroceder en paso inerte
     tu doble toque de muñeca.
Y, esta vez, sin metrónomo, quién sabrá escapar de entre las cuerdas todos los atardeceres y ser fuerte tormenta de verano en un riff que nunca acaba.

                             Ser fuerte otra vez o,
      al fin, ser fuerte.
Quién sabrá, sino tú.
            Ahora libre y fugaz
como fue tu viento de mayo,
lloverás sobre nuestros ojos
             mostrándonos esa lección de vida
para la que, ahora, ya no hay tiempo.

viernes, 27 de mayo de 2016

"A la vida le falta tinta."

Cómo empezar cuando ya no hay nada que decir...
Nada que preguntarse aunque las dudas ronden permanentemente.
¿Recuerdas cuando la vida era saltar encima de la cama con el riesgo de caer en una esquina del cabecero?
Una preciosa cicatriz era la vida.
¿Qué hacer cuando tu vida se llena de heridas de guerra?
Demasiadas cicatrices.

El pulso del vacío se está haciendo muy hondo. Mis libertades se atan a una hoguera sin humo. Todo está ardiendo menos tus alas. ¿Qué te puedo decir? Te quiero. Te queremos. Pensé que nunca se te olvidaría. Pensé que lo sabía tu sonrisa, pequeño, pero no era más que una máscara pintada en tu cara, llenando de alegría nuestros corazones. Pero quién iba a pensar... Quién iba a saber...
¿Qué hacemos ahora con tus páginas en blanco? ¿Qué hacemos? Te quedaba tanta tinta y no la supiste ver. Si apenas saboreaste un mordisco de todo tu pedazo de vida. Querido, ¿qué hacemos ahora con tus alas?

Ya sé, te las daré de vuelta, y volarás conmigo allá donde vaya, ¿me acompañarás? Te llevaré a recitales, a conciertos, de fiesta, donde quieras... Te llevaré como amuleto en mi piel, pequeño. Y ahí nunca más te harán daño, nadie, nunca.

Has dejado un borrón en nuestras vidas, pero a nosotros nos queda seguir escribiendo. Me quedo con lo bueno. GRACIAS por todos los buenos momentos. No te imaginas cuánto te echaremos de menos. Te quiero tantísimo...

Buen viaje, pequeño gran genio. Aquí se queda tu tinta, ya puedes volar.

viernes, 13 de mayo de 2016

Sonrisa efímera.

Hoy tengo tu sonrisa de alimento,
hoy me pongo tu sonrisa de sostén.
¿Me
sonríes un momento?
Hoy tengo tu sonrisa de ensueño
y sé que nada puede ir mal, bueno,
al menos por un rato
no me harto
del paisaje entero.
Porque tengo tu sonrisa
y no tengo prisa,
así que espero
a que pases por mi lado
y de largo
de nuevo.

Sueños de piedra.

Los ojos rotos,
la voz seca de no gritar.
Hay tanto dolor en las pantallas

que se empañan de lodo
y no queda una sola rendija
para que alguien se atreva a mirar,
una sola grieta
por la que alguien grite de una vez:
¡Basta!
Nadie necesita ver más muertes

para oír caer su moneda en un vasito de plástico
y sentirse satisfecho,
sólo necesita la tragedia para alimentarse
de odio, de miedo,
y poder frustarse a gusto
mientras el fango le atraviesa la garganta.
Alguien juega a ser el salvador

mientras otros se permiten dejar caer una lágrima,
mientras otros embadurnan su vida
en un recuerdo tácito
de un lugar
donde los niños ya no sueñan con jugar,
donde los mayores no dejan de hacerlo,
jugar:
siempre tirando la piedra
y escondiendo la sangre en sus manos.

Cuadro de ti.

Saliva en el cuadro
Pincel en la orilla
Con sal en los labios...
Quiero besarte todas las heridas.
Y cuando no puedas más
te pintaré de agua dulce los mares.
Y si quieres libertad
lameré el óleo de todos tus lunares
para esculpir un volcán de tinta
que no derrame puntos cardinales
sobre el folio de la duda.
Ya nosotros nos buscamos
la vida
las lunas.

Verano.

Aquel verano fue resultado de un llanto,
un canto ahogado en saliva.
Voces elípticas rondan mi desvelo,
un ciclo de estelas siguiendo un mismo patrón.

Yo no le debo el calor a la noche.

Sonrisa acomedida en
un cuarto encerrado en
una casa encerrada en
un edificio encerrado en.

Un ciclo de estelas siguiendo el mismo patrón.

Otra estación llega con sus trampas y sus libros,
sus broches de silencio,
su dolor de desafío.

Yo no le debo el calor a la herida.

Y reza la discordia por la prisa de dejar de ser.
La incomprensión abruma mis ideas y dejan de ser.
Ya no se cuestiona nada y todo deja de ser.
Si yo no soy, todos dejáis de ser.
Para mí.

Un ciclo de estelas siguiendo el mismo patrón.

Las horas se marcan cada incierto tiempo,
los relojes sólo marcan la impaciencia,
aseveran la prisa matando el encanto de todo momento.

Yo no le debo el calor al segundo.

El tictac empieza en el llanto primero,
el verano encerrado en un cuarto.
La saliva que te atraganta es el tiempo que estás perdiendo,
la vida que estás dejando de ser.

No hay refugio cuando llega otra estación con sus trampas y sus libros y sus broches de silencio y su dolor.

Volverá el verano con su olor a cerrado, derrochando estelas de humo
y yo seguiré sin deberle el calor
a aquel verano
de lágrima, aliento y canción.

Amanece, que no es poco.

La mañana llega y nos descubrimos a las calles como la ciudad que habita bajo un hormiguero, acariciando la rutina entre bostezos, como queriendo domarla en nuestro camino arraigado al descontento. Rompiendo a paso vago y somnoliento la escarcha de las horas que nos faltan por dormir. Persiguiendo las horas que dejaste morir ante el teléfono. Agotas tu aliento y te agotas. Paras a respirar. Profunda polución. Y alzas un brazo al viento y montas, otro día más, en tu desidia. Hoy los ojos que ves tampoco te sonríen, tan sólo se estremecen ante un nuevo destino de raíles. El tiempo corre contigo en el camino y lo matas leyendo, escuchando, escribiendo... Los pensamientos vuelan contigo en unas escaleras mecánicas... y los matas con tus prisas. Las horas se sublevan con agujas inmóviles que hilvanan estas cuatro paredes. Huye. Aún estás a tiempo de cortar los hilos que te cosen al desánimo y ser libre.

Robo miseria.

En un vertedero va a acabar aquello que robaste
recogerán los pedacitos del suelo
lo sobrante
de lo que exprimiste hasta verlo agotar.
En un vertedero van a acabar
las trizas de lo que botaste al suelo
tras haber soportado tus brasas.
Le robaste la expresión
sin amenazas,
bastó que brotara tu mortal veneno.
Y su rostro
no exigía menos que auxilio
no pedía más que perdón
un equívoco llanto hacia tu escoria
un equívoco fin de la historia
pues ella acabó en un vertedero
y tú...

tú no.

Impotencia.

Cómo podría transmitir seguridad al desencuentro de una mirada que no se halla en sí misma. Cómo alimentar un ánima cargada de vacío, de abismo. Un alma vertiginosa de huesos rotos, unos huesos que ni siquiera ya son suyos. Ni quisiera. Un personaje audazmente solitario escudando a la tristeza. Y sin apenas un resquicio de sosiego en mar incalmo. Tan sólo la resignación de un suspiro sin remolque, nada eterno. Nada arraigo. Nada arraigo. Nada arraigo en este desespero. En esta cordura infundada, en este esmero por nada. Nada arraigo. Nada obtengo. Nada puedo dar.

Occidente.

Cuánto dolor en el vaivén de pieles óseas acechando una vida,
acechando una oportunidad.
Cuánta muerte habrán de soportar en sus pupilas
para ser reconocidos como humanos.
Con cuánta saña tendrán que arremeter contra occidente
para hacerlo tercer mundo

o hacerlo un mundo empático.
Cuánta sangre correrá por nuestras mejillas
cuando ya nadie pueda parar el reloj.
Cuánta soberbia podrá contener Atila
antes de acabar con toda mirada de odio.

Otoño.

El árbol de aquel otoño
ha venido a despertarnos
con su filo-hoja-caricia
su savia-fruto-abrazo
El árbol de ese otoño
ha venido a seguir creciendo
aprendiendo del temblor de sus ramas
cuando sopla fuerte el viento
El árbol de nuestro otoño
ha venido y se estremece
con las muescas-sonrisa
que entre las grietas le aparecen

Sus grietas que son calma,
y refugio y tiempo,
que son muescas-sonrisa
tal vez de otros besos.

Y sus ramas que están desnudas
y limpias e impuras
y llenas de silencio
y ruidosas de encanto.

Y sus hojas que caen como el llanto
como lluvia que anuncia tormenta
como llega el nuevo comienzo
de otra nueva primavera.

No existe el frío
Y el calor es nuestro

Nuestro árbol de otoño
ha venido a quedarse
y está arraigando en nuestros cuerpos.