Firmaba tu espolón de tierra fría
con huellas de almidón y sed latente,
abriéndose campo entre amagos
de atavíos y de savia-continente.
Rompían a los barcos tus espinas
de juglar esponja-acero,
menguaban las olas con tu prisa
de no ser nunca el primero.
Se rezagaban tu sudor y tu asterismo
de nubes avistándonos naufragio,
esas que vimos deshacerse en el olvido
de abundancia mar, verde oceánico.
Si anduvimos por encima hasta del miedo
¡cómo podíamos siquiera imaginarlo!
ponerle el punto a las mejillas sonrosadas,
ponerle tiempo a los dedos encarnados.
No quisimos entregarle a nuestros ojos
ni un milagro, ni una lanza en plena guerra.
Aún tenemos la certeza de ser nuestros,
aún tendremos la esperanza de perderla.
con huellas de almidón y sed latente,
abriéndose campo entre amagos
de atavíos y de savia-continente.
Rompían a los barcos tus espinas
de juglar esponja-acero,
menguaban las olas con tu prisa
de no ser nunca el primero.
Se rezagaban tu sudor y tu asterismo
de nubes avistándonos naufragio,
esas que vimos deshacerse en el olvido
de abundancia mar, verde oceánico.
Si anduvimos por encima hasta del miedo
¡cómo podíamos siquiera imaginarlo!
ponerle el punto a las mejillas sonrosadas,
ponerle tiempo a los dedos encarnados.
No quisimos entregarle a nuestros ojos
ni un milagro, ni una lanza en plena guerra.
Aún tenemos la certeza de ser nuestros,
aún tendremos la esperanza de perderla.











