jueves, 23 de octubre de 2014

Luto de claridad espasmódica.

Ella lleva tacones,
gafas de sol
y unas medias a modo de velo para cubrir sus piernas.
Éstas tiemblan a cada paso
como si fuera demasiada la carga
que tuvieran que arrastrar
y, sin embargo,
a simple vista
parece tan poca.
La carga.
Eléctrica.
De su rubio pelo al viento.
Podría dar calambre a las mismísimas tormentas.
Su sonrisa
de plomos saltando.
Como el chispazo antes de un apagón.
En ese trance.
Y un cuerpo fino a la par que esbelto
que mece la brisa de neones de un adiós que
tal vez
ahora
echa de menos.
Ella pasa impasible por su causa.
Atraviesan sus ojos los cristales opacos
y te mira con aspecto desolado
dando por sentada su ausencia de resorte.
Pero sigue su camino sin solicitar consorte.
Fría y repentina
en un cruce de suspiros.
Ella pasa y crea ondas que
ya quisiera el mar ser tan desgraciado.
Ella guarda ya sus sueños en un bolso cerrado.
Ella va de negro entera.
Vacía.
Y se aleja pisando un camino desgastado.
Que ni ve, ni espera, ni sueña.
Perdida.
Sin rumbo.
Sin prisa.
Sin estupor.
Como una vela sin motor.
Le quedarán las fotos,
los libros,
quizá retratos sin pintar.
Afligida,
rezagada
en su eterna soledad.


No hay comentarios:

Publicar un comentario