He visto un precioso atardecer
desde un necio tren
que jura saber cuál es su destino.
Pero, ¿y el nuestro?
No he podido evitar preguntarme cómo lo verías tú desde París:
el atardecer
o nuestro camino.
A nosotros,
aunque amanezca,
siempre nos quedará ese mordisco de medianoche.
A una manzana
o a tus labios.
Porque nosotros,
aunque anochezca
y sea invierno,
aún por dentro
somos mediodía.
Y nuestros cuerpos saben buscarse bien.
Como calor
o como refugio.
Y es que tú
no estás conmigo este atardecer
pero yo
aún conservo tu sonrisa enlatada en mis pupilas.
Y por eso sonrío.
Esperando.
Verte.
Pronto.

No hay comentarios:
Publicar un comentario