No dejaré que tus lágrimas caigan.
Me bastará guardar tu saliva como ungüento
para que no palpite el miedo en las heridas.
Y que la porción de vida
que tengamos
que vivir
converja a infinito
en tanto en cuanto seamos felices.
En tanto en cuanto tú y yo.
En tanto en cuanto el aire que aún quede
tras la caricia
y el suspiro
siga humedeciendo
cálidamente
nuestra mirada.
En tanto en cuanto las sonrisas.
Y todo lo demás:
nosotros.

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