viernes, 13 de mayo de 2016

Sueños de piedra.

Los ojos rotos,
la voz seca de no gritar.
Hay tanto dolor en las pantallas

que se empañan de lodo
y no queda una sola rendija
para que alguien se atreva a mirar,
una sola grieta
por la que alguien grite de una vez:
¡Basta!
Nadie necesita ver más muertes

para oír caer su moneda en un vasito de plástico
y sentirse satisfecho,
sólo necesita la tragedia para alimentarse
de odio, de miedo,
y poder frustarse a gusto
mientras el fango le atraviesa la garganta.
Alguien juega a ser el salvador

mientras otros se permiten dejar caer una lágrima,
mientras otros embadurnan su vida
en un recuerdo tácito
de un lugar
donde los niños ya no sueñan con jugar,
donde los mayores no dejan de hacerlo,
jugar:
siempre tirando la piedra
y escondiendo la sangre en sus manos.

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