Todo en un cúmulo de casualidades que no alcanzo a
comprender.
Porque nunca creí en ellas.
Encontrarse.
Todo en un preciso instante.
Dejarse llevar.
Y que fluyan...
Beberte.
A sorbos:
El cóctel de sentimientos, recuerdos y canciones.
A trago:
La dudas, los versos inacabados.
A palo seco:
Tu lujuria.
Tu respiración agitada,
tus manos agarrándose a mi sudor cuando estás a punto de
estallar.
Tu lengua, tu boca en muecas
de placer.
Hoy ya no puedo dormir.
Tus gritos de socorro me lo impiden.
En tanto silencio.
En tanto silencio.
Te sumerges en mí
y yo,
que no sé si quiero ahogarme,
acabo desquiciándome con tu descontrol.
que no sé si quiero ahogarme,
acabo desquiciándome con tu descontrol.
Asfíxiame con tu falta de amor.
Aquí no hemos venido a querer.
Nada.
Que no podamos follar.
Que no podamos follar.
Embísteme con la furia de tus ganas.
No me importa que me jodas.
A eso vinimos.
A joder.
Toda la noche.
A dormir abrazados.
Contra la pared.
Contra la puta soledad.
El amanecer en tu cuarto se vuelve caricia.
Se vuelve la cura
contra el amargo beso del olvido.
La poesía se adueña de las sábanas...
Ven a volar conmigo.
Vamos a recorrernos Madrid.
Vamos a corrernos, Madrid.
Muérdeme los besos.
Lame mis heridas.
Te advierto.
Que aún tengo todo el cuerpo magullado
de las últimas manos que me hicieron volar
para después dejarme caer al vacío.
Yo sólo me encargaré de tus cicatrices.
Porque sé que aún disfrutas
a veces
de tus heridas abiertas.
Al rojo vivo.
Rojo sangre.
Sángrame
o haz que vuelva a correrme,
no sin antes haberme restaurado
para volver a romperme
en un orgasmo infinito.
Sanarse de locura
o vivir de perversión.
Sexo, drogas y rock&roll.
Y así lo hicimos.
Hasta otra, bombón... hasta otra.
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