Voy a vomitar la tensión previa al desastre desde los pozos de la desidia y en mi humilde circunstancia:
Voy a romper en gritos de sangre por todas las personas a las que exterminaron por hacerlo.
Gritar.
Y explotar en mil orgasmos por todos a los que hicieron volar por los aires.
Sin justicia.
Por eso de "hagamos el amor y no la guerra".
Voy a derramar lágrimas negras por todos los lagos que contaminaron.
Salpicar de rímel sus trajes de hombres bien
y actitud de "soy feliz cuanto más tengo".
Maldito infeliz.
Voy a rasgarme las medias por todos los sueños que rompieron los que imponen sus leyes por encima de todo
y tras el lema aquel de "nada para el pueblo y, además, sin el pueblo".
Toma hostia.
Voy a estallar una copa contra la pared.
Una tras otra.
Hasta hacer re-accionar cada mente dormida
o apagada
o anestesiada por la puta televisión.
Voy a besar
hasta abrasarme los labios
las almas que arruinaron
embargando ilusiones.
Hasta las últimas,
que colgaban ya de un hilo de una vieja camisa.
Voy a partirme los nudillos contra un muro de cemento.
Un puño por cada golpe que recibieron aquellos sumisos y sumisas
(sin deseo de serlo).
Por cada palabra en la que abusaron
de su vulnerable inocencia.
Por las sonrisas que mataron.
Porque
como dice Xhelazz
"también es un criminal quien mata una sonrisa".
Voy a inundarles de calor,
vaporizar sus lágrimas.
Voy a mecer en mi regazo las dudas y los miedos de todos aquellos a los que destruyeron la infancia, de esos que no la tuvieron,
de esos a los que olvidaron en laberintos de arenas movedizas.
Voy a tararearles una suave cancioncilla
que hable de sueños que pueden cumplirse.
Es decir, todos.
Voy a pasear de la mano con la soledad
con la mera intención de que deje de abrumar a los demás
con sus historias tristes y berrinches melancólicos.
Voy a tirar piedrecitas
(o quizá ladrillos)
hasta reventar la maldita bombilla de alto consumo que ampara las aspiraciones corruptas de los que nos quieren robar también el futuro.
(Pero no les dejaremos...)
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