No buscando nada
me he encontrado a mí
pretendiendo no querer más allá,
más allá de lo que nunca me permitieron querer.
Vaya cosa.
Yo que siempre creí en el amor
y desconfié del miedo.
Verme a mí cambiando sus papeles,
intercambiando sus notas de corazones y calaveras,
celestina de música.
Yo
que era la enamorada del amor por excelencia
me veo cerrando los ojos
ante el fortuito choque inminente que vendrá.
Yo que disfrutaba de la adrenalina del "sin frenos y a toda vela",
yo que nunca le puse barreras al fracaso, a la derrota,
que nunca le puse reparo a los tropiezos,
que nunca creí en "nuncas"
ni en "para siempres",
pero tampoco en infinitos,
me estoy pidiendo, rogando, implorando,
me suplico valorar la caída de esta nube,
tasar: las notas de polvo
las lágrimas acompasadas en un 3/4
los recuerdos sostenidos
las sonrisas bemoles
los silencios de piel, de aroma, de tacto
los acordes de L'A, DO, RE,
la clave de SOL
la clave de FA
y un SI.
Dame un SÍ, y otro SÍ, y otro.
Un SI que suene a infinito
o tan sólo
un TÚ que no suene sin MÍ.
Pido, ruego, imploro, suplico
(ya sabes que soy un desastre)
no olvidarme de dejarte
el ala delta, la liana y una línea adicional del pentagrama
si es que voy a caer,
redonda y desafinada,
en el calderón indomable del olvido.

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