Podría haber disipado la escarcha
de las sombras de un pronto atardecer
desde el hombro de mi caída,
pero sólo pude aferrarme
al esbozo de tu gesto alegre,
al desdén de tus cortinas,
a las húmedas rocas de tu pozo,
al escorzo de tu piel marchita.
N
O.
Tienes razón.
Aquí
:
ya no amanece para nadie.

No hay comentarios:
Publicar un comentario