Después de un día agotador, cojo el metro.
Decenas de personas, con sus rutinas diarias y sus caras sin ilusión mueven sus cabezas al compás del vaivén del tren.
Cierro los ojos...
Estoy llegando a mi casa y veo tu coche aparcado y...
Me da un vuelco el corazón.
Te dije adiós y hoy vienes a mí.
"Me esperan para cenar" sería la excusa perfecta -pienso.
Pero cómo huir de tu mirada... No puedo.
Hola...
"Acabo de hablar con tu madre, le he dicho que no te esperen para cenar, que te vienes conmigo".
Silencio.
Cómo huir de su mirada...
Y entonces estamos en tu coche otra vez,
de camino a ningún lugar.
Paramos y tu mano busca mi mano,
y la otra acaricia mi cara en busca de amor.
Nos besamos mientras una lágrima recorre mi mejilla.
Odio tanto quererte.
Abrí los ojos...
De nuevo todas aquellas personas desilusionadas siguiendo el compás de sus vidas rutinarias...
Decidí seguir el compás de la música de mis cascos
e intentar sonreír.
Volví a cerrar los ojos.
Desee nunca más volverlos a abrir.
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