miércoles, 14 de enero de 2015

Carta a Nadie.

«Yo no sé lo que es el destino,
caminando fui lo que fui.
Allá dios, que será divino,
yo me muero como viví.»

El Necio, Silvio Rodríguez

Hola.
No, no voy a rezarte.
No vengo a pedirte nada
señor, señora, infante.
Tampoco vengo a culparte.
Sería una burda osadía
culpar de cualquier cosa a un alguien
que, para mí, es irrelevante.
Un don nadie.
Sin embargo, me atrevo a dirigirme
a ti, Nadie, en nombre de todos
los que, algún día, se apoyaron en tu hombro.
(Aunque ninguno habría estado de acuerdo con mis palabras,
supongo.)

Ey,
señor o señora, niño o niña,
hoy el mundo entero se ha convertido en una jodida secta
(junto con todo lo que se nos empezó a venir encima).
Aunque, según donde eche raíces,
crece de una u otra manera,
el resultado casi siempre es el mismo:
millones de muertes en tu nombre, genocidios, guerras.
Encontrarás tu símbolo en todas sus esquelas.

Ey,
señor o señora, niño o niña,
siempre sirves para justificar el mal
y para que lo bueno se te exija.
Siempre.
Ey,
no soy quien para juzgarte, Nadie.
Para juzgar a nadie, quiero decir.
Pero he de decir
que te perdió tu afán de protagonismo,
señora o señor, niña o niño.

Se ejerce tanta crueldad en tu nombre, Nadie.
Tanta maldad en hogares y calles y...
Y la gente sigue cubriendo todo
con toda tu palabra de nadie.
Todo: la vida,
los errores y tropiezos,
las bonanzas y alegrías,
lo que forjan al fracaso ellos e,
incluso,
el éxito fruto de su propio esmero.

Y de todo te dan gracias,
para todo te ruegan,
por todo te piden perdón.
Te buscan, te requieren,
como causa y solución.
A ti;
todo y, finalmente, nada:
la muerte.


Señor, señora, infante,
todos necesitaban saber que todo era eterno.
Nadie le encontraba sentido al fin
si no estabas tú, Nadie, ahí,
para dar otro comienzo a todo, de nuevo.
(La vida después de la vida.)
Un nadie construyendo todo de la nada.
Como al principio de los tiempos.
Y todos lo creían.
¡Todos!
Porque nadie le encontraba sentido al principio
si no estabas tú, Nadie, ahí,
para dar el poder a todos de destruir tu todo.

Eso es.
Tanto valoraban tu creación
que todos utilizaron tu poder para destruirlo todo,
Nadie.
Todo.
Por eso yo te destruí a ti, Nadie,
para construir mi nuevo mundo ajeno a todo aquello.
Y ser, así, por fin, dueña de mí misma.
Ser mi nadie y ser mi todo,
con todo mi ser, nadie.
Por los siglos de los siglos,
todo.


No hay comentarios:

Publicar un comentario