Por más que amases la arena de las dunas de mis desiertos,
no evitarás así que se agote el tiempo
ni que vaya más deprisa.
Aunque hace ya unos cuántos días
que las horas que traemos
son motivo de sonrisa.
Y sí,
hace ya unos años que se pasó de moda eso de deshojar margaritas.
Así que para qué preguntar si me quieres
pudiéndolo escribir en nuestra espalda
con los dedos recientes de orgasmos.
Para qué si ambos lo sabemos
cada vez que se buscan nuestras manos.
(para qué decirte lo que quiero si te veo
si ya sabemos lo que buscan nuestras manos)
después de desnudarnos
de vergüenza y dudas
y dejar a nuestros cuerpos
saciarse de lujuria y gula,
(y para qué dar las buenas noches
si ya las has tenido)
quedarnos dormidos
hasta que, antes de que llegue el siguiente atardecer,
se entrelacen tus ojos con los míos y
(pues no, tampoco
para qué dar los buenos días
cuando ya estoy encima de ti)
(y por qué dejar de besarte
si así soy feliz,
despeinándote a gemidos)
te despertar con mis latidos
y saber
que no hay por qué deshojar
ni margaritas ni libros
para querer o no querer,
que no hay por qué mentir o rogar
para evitar problemas
y que para follar
no son imprescindibles los poemas.


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