De tu rabia, rubia,
de tu rudo ego,
de todas las sombras por que sientes miedo,
de tu anticuada sensualidad,
de tu burda necesidad de saltarte un escalón
por dejarme por detrás,
de lo absurdo de seguirme
con los ojos cuando río,
de tus gritos de socorro,
de tu falta de suspiros,
de tu ansia de retorno a la inocencia,
de tus ganas de saciarte de ser lluvia,
de tus carencias,
de tus penurias,
pero, sobre todo, de las nimias reliquias
por las que te rebajas a envidiarme,
por las que te rebajas a envidiarme,
de todo esto, rubia, se alimentan mis heridas
para sanarse.
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