No me gustaría,
en el momento en que muera,
darme cuenta de que estoy muriendo.
Así que,
por favor,
el día que vean el puñal en mi espalda
no lo digan ni se asusten.
Esperen a que mi cuerpo, exhausto de vida,
repose boca arriba,
dejando al acero penetrar los recuerdos inconfesables,
los pensamientos pendientes, ya fugaces,
los vicios que ya no viviré
y aquello que en mi inconsciente quedaba recóndito
quizá por algún trauma de la niñez.
Si me ven la soga al cuello,
no se alarmen ni armen bulla.
Dejen
que, mientras la sangre en el pescuezo se me coagula,
los ojos se me salgan de las órbitas,
echando la vista hacia otro lado
que no sea ya el futuro.
Que el intelecto que pude poseer
se desvanezca como la tiza en una pizarra borrada,
dejando apenas una ligera polvareda
de lo que pude haber sido.
Y, si algún día tuve la destreza del canto,
retumbe mi último latido
para emitir un suspiro de calma a todos mis seres queridos
y les suene a la melodía que,
ya asfixiada en mi garganta,
una vez me dio la vida.
Si me ven al borde del precipicio,
asomada, inclinada hacia el abismo,
y me ven caer
caer
CAER
hacia el vacío
no griten
ni pretendan detenerme.
Será, acaso, que intenté volar
con demasiada mierda en los bolsillos,
o que dejé, tal vez, que me dieran aquel empujoncito.
Exacto,
sí.
Dejen entonces que el viento
manipule mis gestos a su antojo.
Dejen que me vacíe
de miedo y de culpa,
de todo lo que me hizo terrenal en este mundo:
la carne.
Dejen que el placer del que gozó mi cuerpo
se evapore
por cada poro de mi piel
y que se quede impregnado en el ambiente
contaminando de mí el aire que aspiren
todos los que alguna vez creyeron poseerme.
Poseer algo que no era de nadie, sino del aire:
un cuerpo.
Dejen que toda mi sangre se derrame en tinta
en la gravedad de este hundimiento
y, por último, dejen
que por fin
me haga volátil.
Si me ven, en cambio, llena de vida,
colgada de horizontes lejanos e infinitos,
hambrientos de nuevas pisadas o,
quién sabe,
oculta en rincones de barro y savia,
impregnándome de natura,
o en parajes repletos de salvajes relatos de ciencia ficción...
por favor,
¡por favor!
no me hablen de la muerte.
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