Me veo,
a las duras,
en el reflejo de los ojos
que me condenan al destierro
de los versos que aún no he escrito,
a las duras,
en el reflejo de los ojos
que me condenan al destierro
de los versos que aún no he escrito,
como un jinete perdiendo los estribos
de la pluma que cabalgo por momentos,
y la niña que al estanque,
según Lorca, se le ha muerto
se abraza sollozando a una luna
húmeda y turbia
que, en lugar de alumbrarme en la penumbra,
me enmudece y me abruma.
de la pluma que cabalgo por momentos,
y la niña que al estanque,
según Lorca, se le ha muerto
se abraza sollozando a una luna
húmeda y turbia
que, en lugar de alumbrarme en la penumbra,
me enmudece y me abruma.
Mis lágrimas, mustias,
colisionan contra un vacío que añoro,
aunque todavía no se vaya.
Un vacío que se ensancha
con cada bocanada de aire previa al suspiro.
Los suspiros previos a las flechas que me lanzan,
que no me alcanzan.
colisionan contra un vacío que añoro,
aunque todavía no se vaya.
Un vacío que se ensancha
con cada bocanada de aire previa al suspiro.
Los suspiros previos a las flechas que me lanzan,
que no me alcanzan.
Vuelvo a tomar las riendas.
Cabalgo.
Cabalgo.
"Ojalá acierten" pienso,
mientras tenso mi arco.
mientras tenso mi arco.
"A ellos..."
Apunto.
Apunto.

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