reconozco
el miedo al miedo
mucho antes de sentirlo:
miedo muerte.
Vacío.
Vértigo.
Verterse
en el titubeo de una lengua ahogada en su propia saliva,
en la piel temblorosa de unos párpados que no se rinden ante el llanto,
en los resquicios absurdamente llenos de oxígeno de unos pulmones encharcados...
Enjugarse después en una luna de trapo que, menguando, te mira y sonríe.
Me sonríe. Me mira.
(Ya es de noche.)
Pero yo ya no soy yo.
Ahora soy miedo.
(Tiembla.)
No
estoy
viviendo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario