viernes, 13 de mayo de 2016
Impotencia.
Cómo podría transmitir seguridad al desencuentro de una mirada que no se halla en sí misma. Cómo alimentar un ánima cargada de vacío, de abismo. Un alma vertiginosa de huesos rotos, unos huesos que ni siquiera ya son suyos. Ni quisiera. Un personaje audazmente solitario escudando a la tristeza. Y sin apenas un resquicio de sosiego en mar incalmo. Tan sólo la resignación de un suspiro sin remolque, nada eterno. Nada arraigo. Nada arraigo. Nada arraigo en este desespero. En esta cordura infundada, en este esmero por nada. Nada arraigo. Nada obtengo. Nada puedo dar.
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