viernes, 13 de mayo de 2016

Verano.

Aquel verano fue resultado de un llanto,
un canto ahogado en saliva.
Voces elípticas rondan mi desvelo,
un ciclo de estelas siguiendo un mismo patrón.

Yo no le debo el calor a la noche.

Sonrisa acomedida en
un cuarto encerrado en
una casa encerrada en
un edificio encerrado en.

Un ciclo de estelas siguiendo el mismo patrón.

Otra estación llega con sus trampas y sus libros,
sus broches de silencio,
su dolor de desafío.

Yo no le debo el calor a la herida.

Y reza la discordia por la prisa de dejar de ser.
La incomprensión abruma mis ideas y dejan de ser.
Ya no se cuestiona nada y todo deja de ser.
Si yo no soy, todos dejáis de ser.
Para mí.

Un ciclo de estelas siguiendo el mismo patrón.

Las horas se marcan cada incierto tiempo,
los relojes sólo marcan la impaciencia,
aseveran la prisa matando el encanto de todo momento.

Yo no le debo el calor al segundo.

El tictac empieza en el llanto primero,
el verano encerrado en un cuarto.
La saliva que te atraganta es el tiempo que estás perdiendo,
la vida que estás dejando de ser.

No hay refugio cuando llega otra estación con sus trampas y sus libros y sus broches de silencio y su dolor.

Volverá el verano con su olor a cerrado, derrochando estelas de humo
y yo seguiré sin deberle el calor
a aquel verano
de lágrima, aliento y canción.

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