Ellos su consuelo.
Ella que deja tras de sí un espeso aroma a desamor
atrapa por despecho
a varones ya sin nombre y sin faz
que ahora claman libertad
por el trágico suceso.
Ella que, sin darse cuenta, llena su corazón de falsedad.
Ellos
que la siguen cual haz de luz entre las sombras
de su desdichada soledad.
¡Alma suspirante, errante, traidora!
¡Tú que suplicaste como suplican ellos!
¡Tú que sufriste ese dolor, esa mentira!
¡Tú que te desvaneces cada noche!
Tú
que aún le temes al amor...
No dejes que ellos sientan esa angustia
que provocas con ese olor
de niña aún enamorada.
No les ofrezcas miseria,
ofréceles tu ser,
sin más,
lo que tú eres,
no te escondas en vanos sentimientos que no tienes,
no escondas los que sí posees.
Camina en tu propia dirección
y no hagas caso
de los que dicen
que no puedes retroceder,
pues, al menos, siempre podrás enmendar tus errores.
Sólo déjate llevar,
sin miedos,
sin dudas,
sin hacer daño al pasar,
pues de ese modo,
aun sin buscarles,
aun sin buscarte,
te encontrarás.
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