lunes, 17 de noviembre de 2014

Espejismo de ti.

He visto un precioso atardecer
desde un necio tren
que jura saber cuál es su destino.
Pero, ¿y el nuestro?
No he podido evitar preguntarme cómo lo verías tú desde París:
el atardecer
o nuestro camino.

A nosotros,
aunque amanezca,
siempre nos quedará ese mordisco de medianoche.
A una manzana
o a tus labios.

Porque nosotros,
aunque anochezca
y sea invierno,
aún por dentro
somos mediodía.
Y nuestros cuerpos saben buscarse bien.
Como calor
o como refugio.

Y es que tú
no estás conmigo este atardecer
pero yo
aún conservo tu sonrisa enlatada en mis pupilas.
Y por eso sonrío.
Esperando.
Verte.
Pronto.


No hay comentarios:

Publicar un comentario