miércoles, 5 de noviembre de 2014

De ausencia de puntos...

Los árboles jadeaban deshaciéndose de sus más preciados enseres.
Corrían tiempos otoñales, aunque alguna tarde llegó a parecerme verano. Alguna noche me pareció ver más de 21 estrellas en Madrid.

* * *

Tú sonreías y me daban ganas de llorar, aunque tal vez no de alegría.

No sé, a veces cuando estoy muy muy feliz se me llenan las cuencas de los ojos de nostalgia, aunque apenas hayan pasado segundos, y no sé cómo controlarlo.

Lo sé, debería disfrutar más de esos momentos, pero es que cuando algo sucede es como si ya se fuera. Algo fugaz.

Podrás vivir millones de situaciones parecidas, podrás experimentar sensaciones similares, podrás recordar... pero no sé si entiendes esa nostalgia de los momentos felices cuando están ocurriendo.

* * *

Hace meses que esa persona y yo dejamos de buscarnos. Supongo que a veces uno se cansa de encontrar la misma mierda o buscar entre tanta. Fue sólo la historia de nunca acabar comenzando un final que no podía deducirse. Como una máquina de escribir con el botón del punto roto.
Había que sacar el folio y reinventar una manera de romperlo.
Finalmente no hubo lágrimas, sólo la lluvia de trocitos de papel de una historia hecha trizas.

* * *

Otra persona, quién-sabe-dónde, estaría haciendo quién-sabe-qué en aquel preciso instante. Quizás ya pensando en cruzarse repentinamente por mi vida alguna noche de sábado.

Y así lo hizo.

Le conocí hace apenas unos días.
Y como una vana broma del destino empezamos a besarnos en otra columna del mismo bar donde algún día cualquiera (de mentiras, claro), algún otro sábado de algún otro año pasado, la persona de esa historia hecha trizas me besaba.

Ironías de la vida. Qué sé yo.
Pero no tenía nada que ver, claro.
De verdad que a mí me parecía impensable, que no descabellado.

* * *

No tengo ni idea de en qué momento empezó el juego, simplemente me vi sumida en un cruce de miradas, una respiración cercana rozando casi mi mejilla, nuestras manos entrelazadas a cada lado de nuestros cuerpos, a punto de contacto, entrecerrar de ojos, amagos de síes y noes y al final... En serio, ¿en qué momento comenzamos a jugar?

* * *

"Me haces trampa" me decías. Mirándome los labios e inmediatamente a los ojos. Y dejabas tu mirada ahí, me dejabas el negro de tus pupilas reluciendo dentro de mí mientras yo no comprendía el porqué, mientras pensaba: "¿Cómo es posible que ni haciendo trampas pueda evitar que me gane, así, poco a poco y de mucho en mucho?"

Y seguían tus ojos aquí, asomados a mis desastres y para mí que, o no te dio vértigo, o te hiciste rápidamente adicto.

Y seguían tus ojos aquí, y los roces de nariz, y tus labios...

* * *

He vuelto a poner otro folio en mi máquina de escribir, todo está listo y no pienso arreglar la tecla del punto así que, ¿sabes? Todo lo que tenemos por delante es un folio en blanco donde posar nuestras ganas y nuestros besos, y lo demás está por verse, así como nosotros estamos por vernos, por mirarnos, y que a este punto final de parrafada (al contrario que Sabina, porque esto sólo acaba de empezar) sí le sigan dos puntos suspensivos...

No hay comentarios:

Publicar un comentario