martes, 24 de febrero de 2015

Reflejo.

No me mires así, tú no tienes la culpa – dices.
Las derrotas se nos caen ante los ojos
y tú, mientras, le refutas al viento
que cuántos árboles caídos,
qué cuántas noches en vela,
apagada y humeante.
Y tú, valiente y frágil, como tus sueños,
contra viento de todo norte
sigues creyendo en las despedidas
incluso más que en la magia de tu cielo.
Tú, alegre y despistada, como tus sueños,
alegas que la distancia
no es más que el paso hacia el abismo
de los besos que aún te faltan,
por aprender y por enseñar, pero
tú, vivaz y escarmentada, como tus sueños,
sabes muy bien que la vida no es una alfombra roja
y que no basta cerrar los ojos
para mantener la sonrisa a flote. Por eso
tú, realista y volátil, como tus sueños,
llenas tus bolsillos con las piedras del camino de los tuyos,
crías mariposas en tu estómago,
cultivas cuentos de amor en tu memoria
(para el futuro)
y alimentas tu mirada con el frío de todas tus mañanas de invierno
para conservar el calor que, a veces, te ofrecen.
Tú – dices –,
con tus sombras de ojeras
y tus lágrimas embotelladas,
algún día saldrás de ese espejo
y vendrás a salvarme,
como en mis sueños.

No hay comentarios:

Publicar un comentario